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II 2 La Ecomonía

Sentido

Entendemos por economía todo lo que se refiere a la producción y distribución, uso y consumo de los bienes materiales. 

Queremos referirnos en este tema a tres principales dimensiones: 

1.    Social.

2.    Personal-familiar.

3.    Comunitaria. 

Unos principios universales válidos para la vida económica pasarían por: 

      Hacer una economía solidaria tanto a nivel nacional como internacional, privada como estatal. 

      Una distribución justa de las riquezas, de manera que los bene­ficios lleguen a todos y no estén en función de una escala social. El empeño por la nivelación socio-económica supone tener en cuenta en las prioridades a los más débiles, pobres y desfavore­cidos. 

      Que toda la vida económica permita, favorezca, una vida digna y el desarrollo integral del hombre.

Pero sucede que la economía está en la base del sistema de repro­ducción de desigualdades entre países ricos y pobres, regiones indus­trializadas y agrarias, poseedores del capital y mano de obra, clases so­ciales, etc.

La política, la ciencia, la cultura, todas las realidades sociales y hasta la vida privada, están muy influidas por la economía.

La razón de la desigualdad es el afán de poseer y la ambición de poder que generan estructuras de explotación dirigidas a beneficiar a los que más tienen. En ellas la persona es un elemento más para conseguir sus fines.

Al no estar al servicio del hombre y de una sociedad más justa y hu­mana, trastoca el sentido del trabajo, enfrenta a los hombres (pueblos, familias, compañeros...), potencia la evasión de sí mismo, la lucha por tener, parecer, escalar, consumir.

Marca, pues, negativamente la relación humana, ya que se ha con­vertido en un factor que determina la valoración del hombre y condi­ciona su desarrollo y su presencia y actuación en la sociedad.

Alternativa social 

Como consecuencia de esta realidad vista, es claro que debemos optar por un cambio en las relaciones socio-económicas y de las estruc­turas que las sostienen.

Pero el cambio de la estructuración social necesita también de un cambio de mentalidad, cultural, de valores y de criterios respecto a la educación que hemos recibido y que sigue transmitiendo los valores y criterios que interesan para la conservación del sistema. Así pues, en la Comunidad Misión-Juventud


 

 

frente a...

  1. La absolutización de la propiedad privada
  2. Una economía competitiva cuyo motor es el máximo beneficio con el mínimo costo
  3. Un sistema económico manipulado por unos pocos (monopolios, trusts, multinacionales...),
  4. Una sociedad de consumo
  5. La idea del progreso ilimitado como camino de una sociedad perfecta

  propugnamos:

 

  1. una socialización de los bienes, orientándolos al bien común.
  2. una economía al servicio de un nivel de vida digno para todos los hombres.
  3. Fórmulas de participación del pueblo en la gestión, control y distribución de la riqueza.

  4. una alternativa en nuestra forma de vivir que esté basada en la calidad de vida.
  5. un progreso regulado que no sea fin en sí mismo, sino al servicio de las necesidades vitales del hombre.

 La economía personal y familiar

Toda persona, para ser tal, tiene que recorrer el camino de la libe­ración de toda servidumbre y, naturalmente, también de aquella que suponga la posesión y el uso del dinero y los bienes.

La libertad propia para crecer como persona conduce a reconocer como un valor humano la generosidad, importante no sólo para la re­lación con los otros, sino para el crecimiento del mismo que da.

Además, ciertamente, la persona, como ser social que es, no puede vivir aislada de las necesidades de los otros. En un mundo donde con­tinuar y se acentúan las desigualdades, tenemos que educarnos en una verdadera conciencia solidaria que nos haga ver nuestra responsabilidad a la hora de conculcar la dignidad de los más desfavorecidos.

 Debemos tomar, por tanto, la economía personal como un camino siempre abierto a la reflexión, a la autocrítica, buscando criterios, y siendo coherentes con lo descubierto, dando respuesta a cada situación que se nos presente desde el fondo del propio ser.

 Y no podemos dejar de hacer una referencia a la economía familiar como lugar privilegiado de educación de todos sus miembros. Ninguno, aunque en la medida de sus posibilidades, puede quedar desvinculado de la responsabilización económica, medio de participación y ayuda a la coherencia del proyecto de vida de la familia.

Todo esto nos lleva a actitudes personales y familiares que nos hacen crecer como personas libres y construyen una sociedad más humana por solidaria:

      Socializar los bienes de uso (casa, coche, instrumentos de todo tipo, libros, etc.) para extender a otros su beneficio.

    Desarrollar el sentido de acogida, compartiendo lo propio de corazón.

     Ser austeros, no como virtud estrecha, sino en el sentido de no acumular lo que no necesito para vivir, puesto que esto es ya fuente de injusticia y desigualdad, mientras otros carecen hasta de lo necesario.

  Ser honrados con nosotros mismos en los impuestos en cuanto instrumento de redistribución de la renta nacional; y ser exigentes y críticos respecto a su empleo, para que realmente contribuyan a la igualación social.

No hacer del dinero tal objeto de preocupación que embote la mente para vivir otros valores.

 —  Ser generosos, contribuyendo a las necesidades de personas con­cretas que se nos irán presentando a lo largo de la vida, y a las necesidades sociales singulares, como paro, catástrofes y miseria.

  Educar una conciencia solidaria y serlo efectivamente colabo­rando con instituciones o movimientos de solidaridad (Cruz Roja, Cáritas, Tercer Mundo, Asociaciones de barrio, etc.).

 

Alternativa comunitaria

 Por su definición cristiana y por su carácter de presencia en el mundo, la Comunidad Misión-Juventud se define por una presencia activa a favor de la justicia y la solidaridad con los pobres, que, traducido al tema de la economía, significa optar por el cambio de las relaciones socio-econó­micas tal como están establecidas y la mentalidad que las sostiene.

Pero además de eso, y precisamente para darle toda su validez, es en la misma comunidad donde —puesta la confianza en Dios y no en el dinero— queremos y podemos vivir un sentido de la economía pobre, para compartir y servir, como caminos bien concretos de solidaridad.

La Iglesia sólo así podrá ser signo para la sociedad de que es posible su buena noticia de unidad e igualdad entre los hombres.

El fundamento último de una alternativa comunitaria verdadera frente al dinero y el mundo injusto, será siempre la actitud de Pobreza que des­cubrimos en el seguimiento de Jesús de Nazaret.

Aquí solamente tratamos de presentar las formas concretas como hasta ahora hemos entendido que podemos vivir como tal comunidad la actitud evangélica frente a los bienes materiales:

1.- Como tal comunidad, no atarse a nada que pudiera quitarle la libertad necesaria para estar disponible siempre para el Reino.

Esta actitud de pobreza colectiva se manifestará en no fomentar las inversiones: casas, terrenos, instalaciones fijas, valores mobi­liarios, búsqueda de rentabilidad del dinero, etc. Y esto quiere decir que la única fuente normal de financiación de la Comunidad será la aportación económica de sus miembros.

2.- La pobreza ayuda también a vivir en la provisionalidad, a no que­darse en los medios perdiendo de vista los fines, a no caer en la tentación del poder aun bajo la apariencia de eficacia. En este sentido, la comunidad y todo miembro, debe huir del uso abusivo de los grandes medios que nos alejarían de la persona y del joven, buscando una utilización adecuada de los realmente necesarios acordes con la sencillez de vida.

3.- La pobreza comunitaria tenderá a manifestarse también en:

        Una transparencia permanente de la situación económica, del
empleo del dinero y de la adecuación de presupuestos.

        Un esfuerzo por una constante revisión de criterios en orden a la pobreza para no alejarnos de la vida y la fidelidad al Evan­gelio.

  Una actitud de generosidad colectiva tendiendo a dar para las necesidades de los jóvenes y otras necesidades sociales, y asumir naturalmente las posibles de los hermanos.

4. En la misión nos definimos por el uso de los medios públicos que se orienten a lo pretendido; por la responsabilización y autono­mía de los mismos jóvenes en el uso de sus medios y economía; y, en general, el miembro de la Comunidad Misión-juventud ten­derá —como consecuencia de su espíritu de pobreza propio— a un estilo de vida que se acerque al de los jóvenes, a sus valores y a su misma experiencia

 

5.- El miembro de Misión-juventud buscará construir su vida con la ayuda de los hermanos, para fomentar esta actitud de pobreza en el seguimiento de Jesús. Y a ello van orientados:

 

      La revisión frecuente y en equipo de los presupuestos personal y familiar.

    El espíritu de consulta en las necesidades no normales.

  Procurar el propio sustento con el trabajo de cada uno.

  La conciencia de responsabilización por la aportación econó­mica como piedra de toque de incorporación a la comunidad.

  Y, en general, la apertura del miembro de Misión-juventud a la corrección fraterna en todo lo referente a la comunicación de bienes.