PERSONALIZAR LA CONCIENCIA DE MISIÓN (1)

Cuestionamiento

A partir de algunas afirmaciones entresacadas de la reflexión del ECG, recogidas en las Actas 64-67 del curso pasado, puedo prepararne al retiro haciéndome algunas preguntas sobre mi propia experiencia. Me pueden ayudar si no busco la seguridad de una respuesta inmediata.

 

“Nos arriesgamos a definir la Misión Personal partiendo de que estamos llamados a descubrir que son constitutivos de ella las etapas recorridas desde la Llamada, pasando por la Experiencia de Jesús , hasta el Envío al mundo”

     Alguna vez, ¿me han venido preguntas del estilo de: ...Señor, ¿es que te fías de mí como para hacerme servidor tuyo?; ... ¿me eliges a mí nada menos que para ser testigo de tu amor?; ... ¿por qué yo?;...

 

          “Nunca el amor de Jesús es un amor cerrado en los suyos con quienes construye vinculaciones especiales, con quienes ha hecho una historia de amor compartida, a los que llama a que le sigan y les envía al mundo. Toda elección de los suyos, entre los que nos encontramos, es a la vez, Misión”

     Sería bueno asomarme a ver qué me mueve a hacer algo a favor de los otros (los que no son “los míos”)?

 

          “Creemos en la Vida como Misión y su concreción en las tareas: a veces pensamos en que la Misión es algo añadido a la propia vida y, en cambio, entre nosotros, se trata de concebir la propia vida como misión...”

  ¿Dónde estará la clave que hace ya vivir las tareas como Misión?

 

          “Todo esto nos lleva a una consecuencia: dejarnos transformar el corazón para centrarnos en el Amor: os doy un mandamiento nuevo...”

     ¿Intuyo que la Misión tiene mucho que ver con la afectividad humana y teologal?

 

          “Experiencia tenemos de Jesús y a dónde nos lleva: ¿vamos intuyendo cada uno lo que Dios nos ha pedido, qué Misión, y su concreción?”

     Es deseable poder llegar a definir cuál es mi misión personal (Quizá me ayudara ver cómo ha ido cambiando mi sentido de la misión a lo largo de mi vida)


 

PERSONALIZAR LA CONCIENCIA DE MISIÓN (2)

 

Meditación con la Palabra (a)

“Subió al monte y llamó a los que él quiso...   para que estuvieran con El,

                   y para enviarlos ... “ (Mc 3, 13-19)

Llamó a los que El quiso...

          No dudamos de que Jesús ha venido a traer el Reino de Dios a todos los hombres, pero tampoco podemos dudar que precisamente para eso Jesús llama y particularmente elige no ya a todos sino a unos pocos para que continúen su misión, para ser su instrumento en el mundo.

          Nos dicen los evangelistas dos detalles de esa elección que son significativos. El primero, que la elección es consecuencia de un momento de oración del mismo Jesús (Lucas 6,12 destaca que pasó toda la noche en oración), es decir que la elección nace del mismo diálogo suyo con el Padre, no es una mera elección funcional. Y el segundo, que “llamó a los que El quiso”, es su elección, no la nuestra. No es fácil...; ciertamente con esto tocamos el Misterio al contemplar la raíz de nuestra vocación: yo, este pobre que soy y sin embargo en el corazón de Dios, solo porque El lo ha querido, me ha querido así y quiere querer conmigo a sus hijos que tanto ama...

Para que estuvieran con El

          El “para” nos inclinaría enseguida a entender la tarea que llama a hacer, pero son dos “para qués” que parece deben ir íntimamente unidos. El primero es el de estar con El. Se nos alcanza que estar con El es para conocerlo, para algo saber de quién es este hombre (Mt 16, 13 ss), para vincularme a El hasta pertenecerle, para finalmente poder ser testigos del misterio que lleva consigo. Este estar con Jesús lleva ya implícita toda la dinámica de la misión: en la misma medida que yo viva de la vida que Dios me da en su Hijo, en esa medida seré transparencia suya, no me transmitiré a mí mismo.

Y para enviarlos ...

          No vamos a entrar aquí en todo lo que significa las dos dimensiones de ese envío: “predicar y con poder para expulsar demonios”, anunciar el Reino y traerlo, con palabras y con obras, tareas de aliento y esperanza, de liberación y sanación.

          Antes de eso vamos a quedarnos con el hecho original de que el discípulo es un enviado de tal manera que no puede separarse el enviado del que le envía: “el que os escucha a vosotros, a mí me escucha, y el que os rechaza, a mí me rechaza...” (Lc 10, 16); no puede hacerse la misión sino “en su nombre” (Lc 10, 17-20). Expresiva la escena del llamamiento a Simón: “porque tu lo dices haré algo... no cuentes conmigo que ya ves lo pobre que soy... no temas: desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5, 1-11).

 

Para la oración:

Detenerse en estos tres apartados desde la perspectiva de que definen la dinámica que personaliza la Misión: cultivar la conciencia de haber sido llamado; de que el centro vital es el amor de pertenencia; y que cuando el amor se hace obediencia es cuando la vida se hace misión. ¿Cómo me veo yo en esta triple dimensión?

Meditación con la Palabra (b)

“Es el Señor... ¿Me amas?... apacienta mis ovejas

  Cuando eras joven, tú mismo te ceñías..., pero cuando llegues a viejo... otro te ceñirá y te llevará a donde tu no quieras” (Jn 21)

 

            Desde aquél momento de la llamada hasta este encuentro con Jesús resucitado a orilla del lago ha habido, en un corto período de tiempo, un hondo proceso en la conciencia de Pedro. Ha amado sinceramente a Jesús y se ha entregado generosamente a su causa. En momentos de prueba ha alardeado de heroísmo, de apoyarse en sus fuerzas para confesar su adhesión al Maestro, su seguimiento hasta la muerte, su disposición a la lucha por el Reino con todas sus armas.

           Ha sido preciso que una criada, una pobre, desenmascarase todo su poder, para que pudiera reconocer quién en verdad era Jesús, cómo era el amor que le movía y  escuchar de él cuál era su misión.

           ¡Qué distinto este encuentro con Jesús de todos los anteriores!:

      Los discípulos han vuelto a su vida cotidiana con toda la densidad de realidad que ésta tiene (1-3)

      No pueden aun reconocer la presencia de Dios en medio de su faena, hasta que no reciben de nuevo otro signo de la sobreabundancia de gracia que les ha acompañado en Caná, en la multiplicación de panes, en los milagros... (4-6)

     Han sido años de moldear el corazón junto a Jesús desde la dureza al asombro, la humildad, la sencillez, el despojo... para ya no tardar en reconocerlo: ¡Es el Señor! (7-8)

    El encuentro es como comunidad de discípulos, como Iglesia, convocados de nuevo a esa vinculación teologal que se simboliza y realiza en Eucaristía (9-14)

     Pedro es modelo ejemplar para los demás discípulos. El amor que le mueve es el de siempre pero aun parece que Jesús quiere insistirle en que no se apoye en el sí mismo, sino en la fidelidad del mismo Jesús, en un amor de obediencia y abandono (15-18)

     “Apacienta mis ovejas”. Ahora los discípulos entienden que la misión es envío del Señor, que es a El a quien pertenece su eficacia.

    “Sígueme”. Y que el amor de Jesús se consuma en la muerte, en diversas formas de muerte según la misión encomendada a cada uno (19-23)

 

Para la oración:

      A la luz de este recorrido de Pedro en la conciencia de su misión, sigo meditando cómo está siendo mi propio camino.

2.      Después de la meditación de los textos, estar un rato en la presencia de Jesús para dejarse escuchar la pregunta más importante de la vida de cualquier discípulo: ¿Me amas?. Y dejar que surja del corazón la respuesta, aunque sea torpe, pero sincera.

 

CONCIENCIA DE MISIÓN

Puesto que todo ser en el amor tiene destino

¡no permitas que me aleje

de la atracción de tu órbita de amor!

(Los hombres de bien se alegrarán

de mi obrar en consonancia con tu desnuda Gracia).

 

Yo sé que cada criatura es portadora

de una luz única que sólo se mantiene encendida

en la fidelidad a sí misma.

 Yo sé que el hombre que ofusca

su propia transparencia

se ve arrastrado a simas de esterilidad y confusión.

 Y sé que aquel que no necesita

de todos los hombres,

es que ya se ha perdido para su propia humanidad.

Mi estrella la encendiste Tú,pero sólo yo tengo poderpara borrarla de tu cielo.   Mi fidelidad radicaen entregarme a mi misión,

continuadora de tu obra de amor siempre en marcha. Sólo es útil a los demás

aquella vida

que se consume en el fuego de una gran pasión.

Que la conciencia de ser colaboradortuyo me salve de convertirme  en funcionario sumido en rutinas de muerte.  (La vida siempre es nueva y renovadorapara aquél que gira confiadamenteen los círculos de tu llamada)

                                    

                                     ANTONIO LOPEZ BAEZA

 

 Tomad, Señor y recibidtoda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad,todo mi haber y poseer;vos me lo dísteis, a Vos, Señor lo torno;todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad,dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta S. IGNACIO DE LOYOLA

 


 

PERSONALIZAR LA CONCIENCIA DE MISIÓN (3)

Pistas de discernimiento

Tenemos claro que Dios es el Señor de la historia, de la que no se ha desentendido, sino que se ha insertado en ella con una presencia salvadora. Tenemos claro que Dios se ha hecho presente en Jesucristo con el que ha venido a traer el Reino de Dios, a hacer que el mundo y la vida sean lugar de justicia, de verdad, de amor y de paz para todos. Tenemos claro que Jesús ha querido que algunos sean sus discípulos para ser testigos del amor de Dios que edifica el Reino. Tenemos claro, por tanto, que la fe en Jesús lleva implícito ser partícipes de su misma misión redentora...  Pero hace falta que eso se haga experiencia real en los discípulos.

Desde quien tiene la experiencia podemos acercarnos a algunas pistas para el camino de personalizar la conciencia de misión, con el fin de ayudar a discernir el que cada uno tiene que recorrer. (Seguimos el orden del cuestionario primero).

 

Alguna vez, ¿me han venido preguntas del estilo de: ...Señor, ¿es que te fías de mí como para hacerme servidor tuyo?; ... ¿me eliges a mí nada menos que para ser testigo de tu amor?; ... ¿por qué yo?;...

Estas son preguntas reales que se hace quien oye de verdad la llamada, para quien Dios es Alguien que llama a quien quiere, que llama a cada uno por su nombre para cumplir una misión concreta, la parte de cada uno en la misión del Reino. Experiencia personalísima de una toma de conciencia especial que abre todo un camino de conversión, la de ser amado y llamado yo, con mi pobreza. Conciencia de desproporción y fragilidad, “tesoro en vasijas de barro” (2 Cor 4,7)

 

Sería bueno asomarme a ver qué me mueve a hacer algo a favor de los otros (los que no son “los míos”)?

Desde esta radical experiencia de fe se da un proceso espiritual que tiene su valor en cada una de sus etapas:

Al principio la misión se vive como responsabilidad, que es justificada ideológicamente  como tarea del Reino.

·         Con la vida teologal, la misión comienza a ser parte de la entrega a la voluntad de Dios, junto a todos los demás aspectos que componen la vida.

·         Hasta unificar la existencia personal en el ser de Jesús para los demás.

 

3.      ¿Dónde estará la clave que hace ya vivir las tareas como Misión?

Se trata de dejar que se desarrolle en nosotros esa conciencia de “enviado”, de quien unifica su existencia en la identificación con Jesús de tal manera que ya no busca su propio deseo o interés, sino que como Jesús, su alimento es hacer la voluntad del que lo envía:

·         Es signo de conversión real que se vaya dejando a Dios tomar la iniciativa en todo lo que atañe a la vida de uno.

·         Hasta ya no necesitar buscar la unificación en el equilibrio entre oración y acción, vida humana y fe, persona y comunidad, etc., sino en ser desde la obediencia.

·         Hay que buscar la obra bien hecha, pero no es lo más importante el acierto y la eficacia que tanto gratifican, como tampoco el valor que damos a la tarea o el proyecto en el que nos afirmamos, sino el servicio humilde aun en torpe fidelidad.

·         La experiencia de salvación que uno ha tenido por la fe en Cristo Jesús es lo que se puede comunicar.

 

4.      ¿Intuyo que la Misión tiene mucho que ver con la afectividad humana y teologal?

Es claro que hablar de misión es hablar de amar a los demás, pero no se trata de cualquier amor, ni menos aún del idealizado, sino del amor teologal, de la misma afectividad humana transformada por la experiencia de la Gracia:

·         Amor que va más allá del sentimiento, de la generosidad, del amor ético, porque por extraño que aun nos resulte volvemos a decirlo: nace de ser enviado. No es un paso menor cuando uno ya es capaz de desenmascarar las trampas afectivas que se esconden en la entrega a los demás.

·         No se sabe cómo es ese amor porque no se dispone de él; sucede que se da uno cuenta al final del día que Dios le ha concedido el modo y la dosis que podía ser.

·         Podemos sí decir que consiste en dar paso al amor de Dios, cosa que ocurre a través de una soledad a la vez habitada y solidaria, en un punto de distanciamiento desde el que te das cuenta que no eres tu pero que das vida, que amas pero que viene de más allá de ti.

·         Este amor de misión, al estilo de Jesús, deviene definitivamente en misión de amor, en entrega de la propia vida: “otro te llevará”.

 

5.      Es deseable poder llegar a definir cuál es mi misión personal (Quizá me ayudara ver cómo ha ido cambiando mi sentido de la misión a lo largo de mi vida)

Si Dios llama a cada uno por su nombre es para llevar adelante “nuestra leyenda personal”, encontrar “nuestro lugar en el mundo”,“lo que estoy llamado a ser y hacer”:

·         En las tareas rutinarias, en el estado de vida, en el trabajo, en el rol social, en las relaciones..., si se llenan de este sentido.

·         La definición de la misión personal se va dando a quien se arriesga y es fruto de la fidelidad a la vocación propia, a la construcción de la identidad, a la vida espiritual y de oración adecuadas, y a avanzar en humildad.

·         Porque se modela a través del camino de muerte-resurrección, de la frustración de lo que uno tiene como sus mejores proyectos, de saber perder la vida por Cristo para encontrarla con El.

Finalmente, la misión personal nunca es individual sino que es esencialmente eclesial, se  inserta en carismas y ministerios definidos en comunidad de creyentes (Vid Anexo posterior)

 

Para el trabajo de discernimiento

No se puede abarcar todo de golpe. Después de una primera lectura con todas las aportaciones e interrogantes que plantee, intenta traer lo que en tu camino de  concienciar el sentido de misión te ha salido antes y ahora quédate, de todas estas pistas u otras que te salgan, con aquellas que descubres te sirven a ti para dar pasos en ello en este momento.

ANEXO

            La dimensión comunitaria-eclesial exige un mayor desarrollo, especialmente importante en este momento para los convocados en Misión-Juventud. A esto dedicaremos el siguiente trabajo como preparación a la Asamblea 2008.

            Pero en este momento de retiro no conviene alejarnos de su objetivo, porque en que demos pasos en personalizar nuestra conciencia de misión está quizá buena parte de la clave para acertar luego en la misión comunitaria. Precisamente este anexo expresa lo conectados que están la misión personal y la vida comunitaria.

            Remito a un párrafo conocido de Marcel Legaut en “El hombre en busca de su humanidad” cap 10, por lo que tiene de engarce con lo tratado en este retiro. (Existe entre los papeles comunitarios un extracto hecho de ese capítulo que se ha dado otras veces, pero para no despistar en el retiro con la densidad de su contenido y lenguaje pongo aquí solamente una parte seleccionada)

               La diferencia fundamental de naturaleza entre la fe y en Dios la creencia ideológica, aunque ésta hable de Dios, se manifiesta tanto en la sociedad como en el individuo. Los hombres fieles a una misma ideología están unidos entre sí por la adhesión a una doctrina que se precisa y se desarrolla sin cesar; exige de ellos una uniformidad de pensamiento y una disciplina en las iniciativas que no les permiten llegar a ser ellos mimos; no les educa más que para ella misma, sin preocuparse para nada del alumbramiento de cada uno en su propia originalidad.

 

            Por el contrario, la sociedad constituida por hombres animados por la fe, ayuda a cada uno a ser fiel a su propia misión; no existe más que por la existencia de cada uno de ellos, y así es como trasciende sus individualidades sin aplastarlos; al contrario, los exalta en una unidad que les perfecciona.

 

Este es el fruto característico que distingue, en el plano social, la fe en Dios de la adhesión a una ideología religiosa. La fe en Dios, enraizada en el centro mismo de cada hombre, hace nacer entre ellos poco a poco la comunidad, donde de otra forma no puede existir sino una colectividad.

 

Es una comunidad invisible en su realidad propia como Dios mismo, hecha totalmente de duración y de consistencia; esta comunidad existe como Dios existe en cada uno de sus miembros. Es lo que ellos son; más aún, se va haciendo a medida que les ayuda a crearse.