Comunidad M-J. Zaragoza                                                           RETIRO Marzo de 2005

Orientación

Recordando...

            Continuamos la línea trazada para los retiros de este curso, descrita en las orientaciones de los anteriores. Aquí basta con recordar que en la línea de fundamentar nuestra vida en el Señor, es una de las vivencias fundantes más desconocidas la que comenzábamos en el retiro pasado de asumir la experiencia del mal. Y que continuamos en este retiro con la de “Existir reconciliados”.

 

Abordar la experiencia de Reconciliación.

            En primer lugar hacer caer en la cuenta que hacemos este retiro a las puertas de la Semana Santa. Es el “tiempo oportuno”. Aprovechémoslo con nuestra actitud interior, con la vida de oración, estemos donde estemos celebrando el Paso del Señor.

 

            Pero el “existir reconciliado”, el encuentro con Jesucristo como nuestro Salvador es una experiencia permanente para el cristiano. El camino dela fe es un camino de transformación. Es la actitud “penitencial”, de conversión constante. Nada de moda, pero que precisamente por eso nos estamos intentando acercar a ella de manera nueva.

 

            Todos sabemos que se expresa sacramentalmente con el Sacramento de la Penitencia. Es bueno que lo recordemos aunque lo vivamos hoy en la Iglesia “bajo mínimos”. Apunto aquí el tema de la confesión individual, como modo de personalizar nuestra relación con el Señor, que debe ser una aspiración a superar el quedarnos solamente con la confesión comunitaria. Pero eso, como nos planteábamos en el último equipo de espiritualidad, es tema a tratar aparte.

 

            Mientras eso llega, hay formas de cultivar la “actitud penitencial” en nuestra vida personal y comunitaria, que nos preparan a ello:

v      Que la oración personal sea lo más verdadera posible ante el Señor.

v      Que a ella vaya unida la actitud de discernimiento.

v      Un signo es cuando ya se necesita tener cada día un rato de “examen de conciencia” (no moralista), distinto al de la oración.

v      La liturgia de las horas nos ayuda todos los viernes con los laudes.

v      La revisión de vida hecha en este tono.

v      Las ocasiones que la vida nos trae de reconciliación y perdón...

 

Pistas para este Retiro:

1ª. Igual que en el retiro anterior, leer como ambientación el tema denso de “Existir reconciliado”. Pero en el retiro solo lectura ambientadora y dejar la tentación de su profundización personal y hasta comunitaria para hacerlo después.

 

2ª. Porque el retiro repetimos también que es para centrarnos en nuestra propia experiencia y a confrontarla con la Palabra de Dios. Puede ayudar mucho dedicar el tiempo más largo y despacio, a meditar con la ficha del “Salmo 130 (129) Canto a la Reconciliación con Dios”.

 

3ª. La oración y celebraciones centradas ya en el Misterio Pascual de Cristo muerto y resucitado para nuestra salvación, es la mejor de las ayudas.


 

 

Fundamentación de la fe.                                                                                           AT- 3

SALMO 130 (129)

Canto a la Reconciliación con Dios

1. Contexto vital

¡Qué necesidad de justificarnos!. Es sorprendente cómo hoy huimos del más mínimo sentimiento de culpa. Nos puede ayudar comenzar por ser sinceros con  nosotros mismos haciendo el siguiente examen de conciencia (ayudará más si se escribe alguna vivencia  concreta que sugiera alguna de estas pistas):

 

      Me defiendo cuando alguien me acusa, desde luego si lo hace injustamente, pero también aunque lo haga justamente.

 

      Cuando descubro algo de mí que no me gusta, comienzo a atribuir la responsabilidad a la influencia del ambiente, a la educación recibida, a las heridas del pasado,...

 

      No llevo bien y no afronto los desajustes entre mis buenos deseos e ideales y mi pobre realidad.

 

      El colmo de la autojustificación está en mi necesidad de no sentirme culpable: “Así soy, no puedo cambiar”, cuando bajo apariencia de aceptación propia yo sé que es una excusa como otra cualquiera.

 

          Me justifico también con Dios cuando fallo en mis compromisos religiosos o morales.

 

          Cuando me defiendo ante las exigencias radicales del Evangelio.

 

          Cuando algo falla y evito su mirada, tengo miedo a ponerme en verdad delante de El.

 

         O pongo mucho afán en cumplir las normas para sentirme en orden con El.

 

          Con la confesión me conformo para conseguir su gracia y evitar su juicio.

 

2. Lectura orante con el Salmo 130 (129)

1.       Después de la toma de conciencia anterior, ponte delante de Dios, pero intentando percibir que El es amor absoluto, padre incondicional...

2.   Recuerda algún fallo tuyo que te cuesta especialmente aceptar. ¿Lo reconoces con paz, sin necesidad de justificarte?

 

3.   Vívelo ahora con Dios, cara a cara con El, rezando despacio el Salmo 130

3. Profundización

¿No te parece una experiencia especialmente madura este modo de vivir la culpa? Este salmista creyente hace todo un recorrido: desde la situación de “hundimiento” hasta la esperanza más luminosa.

 

El núcleo de la experiencia que expresa el salmista se puede traducir así: cuando reconoces tu pecado y no te miras a ti mismo, si te dejas mirar confiadamente por la misericordia de Dios, no te sientes humillado, sino salvado. Cuando el pecado (o un fallo humano, del cual nos sentimos responsables) se cierne sobre nosotros, aparece la angustia en su forma sutil de autojustificación.

 

En cambio el salmo muestra las actitudes que nos liberan de la necesidad de justificarnos y nos introducen en la verdadera experiencia de salvación:

v      El reconocimiento de la culpa y el pecado, sin ocultarlo ni excusarse.

 

v      La confianza en el perdón de Dios, más grande que mis pecados.

 

v      La aceptación de que “Dios tiene razón”, que es inútil justificarse.

 

v      No pretender solo objetivar qué hemos hecho mal, por ejemplo con la lista de pecados, para poder controlar y no sentirnos indefensos ante el juicio de Dios.

 

v      La esperanza que da la fe en la misericordia de Dios, gratuita e incondicional.

 

v      En definitiva, la experiencia de la Reconciliación o Salvación: cómo el amor que perdona y no toma cuentas nos libera del miedo al reproche o de la necesidad de estar en orden con Dios.

4. Cuestionamiento

1º) ¿Cuál es mi tendencia habitual? ¿Cómo ha ido evolucionando mi conciencia?

Ø      Me oprime el sentimiento de culpa, tiendo a culparme y a evitar conflictos aunque salga perdiendo.

Ø      O más bien lo reprimo tendiendo a disculparme y a confrontar con los demás.

Ø      Quizá haya sentido la necesidad de liberarme de la culpa normativa y ahora me siento solo (a) con mi conciencia.

Ø      O si la refiero a Dios... ¿cómo?

 

2º) Compara la experiencia del Salmo 130 con alguna experiencia positiva de reconciliación, por ejemplo con la pareja. En parejas compenetradas y que se quieren mucho es frecuente oírles: “Lo mejor de un conflicto es la reconciliación. Nos une especialmente”. Compara las actitudes para que sea experiencia tan rica y liberadora.

 

3º) Puedes orar con otros Salmos Penitenciales: 6; 32 (31); 38 (37); 51 (50); 102 (101); 143 (142). También puedes escribir tu propia oración penitencial.