Comunidad M-J. Zaragoza                                                           RETIRO Enero de 2005

Orientación

Recordando...

            Lo expresado en la orientación general para los retiros de este curso de continuar con el camino de fundamentarnos en la fe: pasar de la autosuficiencia humana a que el Señor sea el apoyo de nuestra vida.

 

Comentábamos esta semana en el equipo de espiritualidad que la relación con Dios “cercano y misterioso” es encuentro personal no contra-distinto del verdadero encuentro humano. Decíamos que tanto lo logrado como las dificultades que tenemos para éste, son signo de cómo va nuestro encuentro con el Señor. Espontáneamente reconocíamos que sentimos resistencias, descoloques o falta de conciencia.

 

Hablamos también de que la gracia de Dios ha llegado a nosotros mucho a través de la experiencia comunitaria. Bendito sea. Pero que este año buscábamos condiciones para que cada uno se centrase en su propio camino de transformación, y que eso mismo sea aliento de la vida comunitaria más que al revés, como quizá ha sido más habitual.

 

Lo que podemos poner de nuestra parte para fundamentar nuestras vidas en la fe, para tener verdadera experiencia de apoyo en El, es acercarnos a superar la banalidad de nuestra época en las mismas experiencias humanas en las que Dios habla e interviene. Solo que hace falta que nos enteremos que tiene mucho que ver, que habla y que interviene.

 

Para este retiro

            Por varias razones decidimos que sería bueno centrar este retiro en una de esas experiencias: la de la fuerza del mal. Experiencia que va unida a la propiamente religiosa de la fuerza del pecado. Pero vamos a centrarnos ahora en la primera para acercarnos en el siguiente retiro a la segunda.

 

            Es posible que nada más nombrarlo se nos haya hecho presente la tan viva y presente catástrofe natural del sureste asiático. Efectivamente, esa es una fuerza del mal (como podemos inmediatamente reconocer muchas otras en nuestro mundo). Frente a ello hay respuestas humanas: magníficos ejemplos de solidaridad, remoción de los sentimientos, búsqueda de mejoras científicas, sociales y políticas, etc.

 

            Pero, ¿Te parece que es eso todo?. No podemos eludir que la fuerza del mal es mucho mayor que todo lo que el hombre hace por superarlo. Por eso no es gratuito sino tremendamente humanizador, que los creyentes aportemos la pregunta hecha al mismo Dios. ¿Qué tiene El que decir a todo esto?.

 


Pistas para abordarlo

            1ª. Como es un tema tan poco tratado (¡muestra de cómo lo rehuimos hasta que nos llega el batacazo!), puede ambientarnos el comenzar leyendo ese pequeño escrito sobre las diversas perspectivas de “La experiencia del mal”.

 

            2ª. Después y como lo central del retiro, invito a centrarnos en nuestra propia experiencia y a confrontarla con la Palabra de Dios, a preguntarle y dejar que sea El quien nos diga. El Antiguo Testamento es un filón imprescindible para esto. Igual que en el retiro pasado, nos apoyamos en una cita del AT que tienes en la ficha de meditación “La historia de Ana”.

 

            3ª. Finalmente ora. Sugiero el Salmo 73, que nos servirá de apoyatura  para la oración común, pero tenemos también la preciosa oración de la misma Ana en el capítulo 2 del libro de Samuel.

 

Y no se nos puede olvidar que Dios se ha revelado de muchas maneras a los hombres pero finalmente en la persona de Jesús. Por eso es ineludible la referencia a El. Es lo que hacemos en toda Eucaristía. Ahí aludimos en la del viernes a Jesús como “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Orar con El “muerto por todos, obediente hasta la muerte y muerte de cruz” .

 

Sugerencias

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->En el retiro primero dimos apoyaturas para entrar en retiro personal. Hay que empezar por situarse desde donde uno está y repartir bien el tiempo.

 

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Quiero recordar también que, a propósito, se puso en la página Web un documento sencillo y aplicable sobre la capacitación para la vida interior. Se ha pedido que dejara algún ejemplar fotocopiado por si a alguien le viene bien centrarse en ello.

 

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Es el momento de repetir que este tipo de retiros permite que cada uno se centre en lo que necesite, no necesariamente en el tema que se aporta, que al tenerlo por escrito se puede aprovechar en otro momento.

 

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Si te centras en el tema del mal, recuerdo que hay al menos un par de capillas de la casa que vienen directamente al tema: la de la situación del tercer y cuarto mundos y la desnuda con la cruz.

 

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Finalmente una pregunta: ¿ha tenido el anterior retiro algún tipo de continuidad en tu vida real, oración personal, equipo de revisión, etc...?

 


 

Fundamentación de la fe.                                                                                           AT- 2

 

LA HISTORIA DE ANA

1. Contexto vital

La Biblia está plagada de historias que están diciendo que la relación con Dios es una historia vivida en medio de los conflictos de la existencia. Más aún, que es en medio de la impotencia, de las situaciones de la condición humana sin salida, donde más frecuentemente aparece Dios.

Vamos a tratar de acercarnos a una esas historias tratando de percibir cómo Dios no es un mero refugio ni mucho menos ajeno a los sufrimientos del hombre,

2. Meditar con: 1 Sam 1, 1-20

1. Lee despacio la historia que se nos cuenta. Trata de entrar en cada uno de los personajes y situaciones. Para ayudarte en la lectura, he aquí algunas pistas.

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Peniná vejaba a Ana por su esterilidad (v.6): ¿qué le pasa a Peniná con Ana?, ¿es simplemente “mala” o es otra cosa?.

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->El marido Elcaná, trata de consolar a su mujer (v.8). Naturalmente se compadece de su sufrimiento, pero ¿qué insinúan sus palabras?.

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Ana es la mujer que quiere vivir su humanidad hasta el final. Año tras año la familia sube a orar a Siló y habrá pedido por su esterilidad, pero esta vez fíjate que toda la persona de Ana está en su pedir (v.9ss) hasta el punto de que el sacerdote Elí cree que está ebria.

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Ana “comió y no parecía la de antes” (v.18): ¿por qué ya no es la de antes?. Hay un antes y un después de ciertas experiencias...

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->No te quedes con que el Señor se lo ha concedido. Quédate con la transformación de Ana al darle al niño el nombre de su identidad: Samu-El = ¡Al Señor se lo pedí!.

 

2. Una vez que has meditado la “historia de Ana”, mira la vida en lo que tiene de impotencia, de sufrimiento y conflicto:

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Qué conflictividad vives ahora tu por dentro?

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Cómo reaccionas cuando te llega un sufrimiento fuerte? ¿Cómo entra Dios?

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Ha habido experiencias que te han hecho dudar de la bondad de Dios?

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->O por el contrario ¿Ha habido en tu vida alguna experiencia del mal de la que hoy des gracias a Dios? ¿Por qué?

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Te atreves a plantarte delante de Dios como Ana?

 

3. Ora con el Salmo 73 (72): no rehuyo el problema de “los malvados” (v. 2-12) / que amenaza mi propia fe (10-15) / hasta que callo, entro en el silencio (16-22) / y siento la intimidad de Dios sobre mi propia condición (23-28). 

3. Oración compartida: -siguiendo las cuatro partes del Salmo-

¿Qué te queda hoy de tu manera de dejar entrar a Dios en tus sufrimientos, conflictos o en las situaciones insalvables de la condición humana?.

 

 

 


LA EXPERIENCIA DEL MAL

 

Experiencia fundante

 

Experiencias que nos permiten fundar una fe verdadera en el Señor son, por ejemplo, el don de la fe o la llamada de Dios. Hoy no se puede imponer, y hay gente para la que Dios no es necesario. La pregunta a hacerse es: ¿Crees que Dios tiene algo que ver contigo?, y ¿te lo preguntas?. El don de la vida o el sentimiento de criatura. Una experiencia muy importante en un mundo autosuficiente.

 

Pero otra no fácilmente aceptada hoy es la de Ser reconciliados:

<!--[if !supportLists]-->n     <!--[endif]-->El drama de la fe: el mal

<!--[if !supportLists]-->n     <!--[endif]-->El drama de la vida: culpa y pecado.

 

El drama de la fe está en que no hay transformación personal si no se entra en la crisis, el conflicto y no se deja entrar a Dios en las contradicciones insalvables de la existencia humana.

 

Niveles de afrontamiento

 

1.- Al hombre de hoy no le causa problema cuando el mal viene de la libertad del hombre. La psicología ya aporta que el sufrimiento sólo puede ser superado cuando se pasa del principio de placer al principio de realidad (reconocer la realidad como es, y no como yo desearía que fuera).

 

Pero lo que pasa es que el principio de placer es muy fuerte (ej: super-protección familiar: dar todo a los hijos y que nadie me los toque; una educación excesivamente permisiva, una crisis tremenda de la autoridad; aquí vale todo, no hay valores que pesen, y sólo vale lo que me sirve. Además, está la presión tremenda del consumo) y se opone al principio de realidad.

 

Manifestaciones: cuesta muchísimo elaborar las frustraciones. El niño consentido, cuando no consigue algo, coge una rabieta tremenda. No se desmontan las fantasías de omnipotencia. También  tiene especial importancia en la mitad de la vida. Porque vivimos en un mundo de satisfechos en que no nos afecta nada, y entonces sucede algo que impacta a la persona, en torno a los 40 años. Si se rehúye eso, se decanta el futuro de la vida, y llegará a ser una persona amargada, supercrítica, ...

 

Consecuencia: el mundo de hoy elude hacerse cargo del mal, lo echa a un lado.

 

En este primer nivel del mal hay que aceptar que el mal forma parte de la vida (principio de realidad), pero no teóricamente, sino asumirlo, afrontarlo cuando nos llega.

 

 

2.- Pero ¿qué pasa con el mal gratuito? Por ejemplo, las catástrofes naturales. Así vino la crisis de fe de Camus, cuando vio a un coche atropellar a un niño inocente. Esto interpela a la fe: qué pasa con el mal del justo, del inocente. El escándalo para la fe empieza aquí. Esto está en el fondo del corazón de cualquiera.

 

En las culturas antiguas y en el Antiguo Testamento la conciencia que subyace es que Dios premia a los justos y castiga a los pecadores (Salmo 73, amigos de Job,...).

 

Aquí es donde la cultura moderna da el paso de asumir el mal que nos toca como principio de realidad y afrontarlo luchando con él como se puede: enviar ropa y mantas a damnificados por un terremoto, ir al médico en una enfermedad,...  Es un paso más abrirse a la sabiduría que se adquiere de ver qué nos enseña ese sufrimiento concreto.

 

Pero el problema se plantea cuando el mal no tiene salida. Antes hay esperanza, pero cuando no la hay solo puede hablar cada uno que se encuentra en el sufrimiento que le toca. No podemos juzgar el mal de los otros desde donde estamos, si no estamos en su piel (por ejemplo, el sufrimiento de los damnificados de Marruecos que no reciben ayuda, y su clamor se dirige contra el Gobierno, que es contra quien pueden gritar, como expresión de su rechazo del mal que sufren). ¿Cómo el mundo actual se cree tan poderoso y habla tan alegremente de estos temas?

 

Por eso el creyente no se conforma con esto y pregunta a Dios. Esto es muy importante: Dios es percibido como alguien que tiene algo que ver con el mal que estoy sufriendo y que puede decirme la palabra definitiva. Es el momento de plantear el conflicto con Dios.  Es lo que hace Job. No temer al juicio de Dios, que no es con abogados defensores y acusadores, sino cara a cara con quien me quiere incondicionalmente; así puede crecer el amor, si tenemos confianza de dirigirnos a él, y no nos callamos soportándolo todo.

 

Hay una realidad del mal que podemos afrontar, pero otras no. Quien acoge cara a cara con Dios el problema del mal que no puede afrontar y se queda en silencio ante él, entra en otra dimensión. Es lo que se dice en Job y en el Salmo 73. La lucha ya no basta, pero la acogida del misterio del mal que estoy sufriendo y que no puedo afrontar es ya una manera de afrontar el mal. Es lo que hace Jesús en la cruz.

 

Esto lleva a vivir el amor en nivel inusitado, y la experiencia de reconciliación y de perdón es la manifestación más alta del amor.

 

El Antiguo Testamento no deja de ser una película de buenos y malos, donde el justo es retribuido y el malo es castigado. Pero Job se deja en las manos de Dios.

 

 

3.- Cuando se ve que el mundo no es el Reino de Dios, que es imposible llegar por sí mismo a la plenitud, y llega el silencio para dejar que Dios diga su última palabra, la respuesta que encontramos es que Dios sufre conmigo en ese momento. Job no ha perdido su dignidad cuando se recupera en Dios, sino que es aun más él mismo.

 

En el misterio de Cristo crucificado, es donde uno se encuentra con el camino de redención y de Vida, con el amor al modo de Dios, el amor redentor y salvador.

 

Es necesario tener siempre en cuenta en el acompañamiento las situaciones de crisis y conflicto, de mal, y no rehuírlas. Y en la fe plantearlas cara a cara con Dios.

 

 

 

La experiencia de Job 

 (De “Experiencias humanas y camino de fe” ciclo 2, ficha2)

 

 

Es el Libro de Job la meditación más impresionante sobre el mal en el Antiguo Testamento. Job es un hombre justo, conforme al corazón de Dios, conforme al corazón de Dios, que es puesto a prueba precisamente mediante la experiencia del mal. De rico que era, se queda sin nada; sus hijos e hijas mueren trágicamente; él mismo termina siendo un leproso, un maldito. Su mujer le increpa y se burla de él: "Ya ves de qué sirve ser bueno, confiar en Dios...". Pero Job no se subleva contra Dios.

 

Sus amigos representan la ideología tradicional sobre el mal: "Si te ha ocurrido todo esto, algo malo habrás hecho, porque Dios es justo". Job se de­fiende y demuestra a sus amigos que no pueden encontrarle falta. Llega un momento en que se atreve a interpelar a Dios a que le juzgue.

 

Cuando Dios se le revela (últimos capítulos), no le hace examen de con­ciencia ni le demuestra lo pecador que es, y que, por lo tanto, merece el sufri­miento en justicia. Dios le pregunta sobre el misterio del mundo y del hombre mismo. Job va quedándose en silencio, y comienza a comprender que el mal no es un problema que hay que resolver, sino un misterio que ayuda, más allá, a descubrir, a través del sin-sentido, un sobre-sentido oculto, que será la fuen­te de la sabiduría y de la plenitud de la existencia creyente.

 

Cuando uno pretende saber por qué, todavía está intentando controlar, te­ner la última palabra. Cuando uno mira al mal de frente, a los ojos, queriendo dominarlo, ocurre como dice la mitología que ocurría al que miraba la Esfin­ge, que ésta lo devoraba. El mal sólo puede ser mirado indirectamente, desde el corazón de Dios, el único Señor de la vida y de la muerte, que nunca aban­dona al hombre a su propia suerte.

 

            A esta sabiduría, que renuncia a saber/explicar (la ilusión de poder domi­nar la finitud), los creyentes llamamos confianza. La respuesta al porqué del mal es paradójica: primero, confía, y luego descubrirás el porqué.

 

Cuando muchos preguntan "por qué Dios permite tanto sufrimiento" y, por ello, llegan a dudar de su existencia, tienen razón: un Dios indiferente ante el sufrimiento no tiene derecho a existir. Pero, ¿de qué Dios hablan? El Dios que nosotros conocemos es el manifestado en Jesús crucificado.

 

Es el que lucha contra el mal en todas sus formas y sufre voluntariamen­te con nosotros el mal; pero no lo hace como nosotros quisiéramos, suprimir­lo por un golpe de varita mágica. Nos libera de la violencia que hay en nues­tra angustia por suprimirlo, haciendo del sufrimiento camino de liberación. Lo suyo es dignificar al hombre y crear vida de la muerte. .

 

El creyente adulto se desconcierta ante la fuerza del mal, pero mira al Crucifijo y escucha las palabras de Jesús a Pedro. (Jn l3): "Lo que no entien­des ahora, lo comprenderás más tarde".