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Retiro 15-11-2008

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Retiro 15-11-2008
II.- LA NUEVA HUMANIDAD Y LOS GRUPOS HUMANOS
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CONTENIDOS BÁSICOS PARA EL RETIRO: “Niveles de conciencia”

 

En una vigilia de Pentecostés, Luís Pinilla con su intuición, nos dijo: “La crisis del mundo actual, en su raíz, es que el hombre está roto, desintegrado. Hay más hombres sin cultivar que campos”. Él asumió la tarea de dar respuesta a esta situación del hombre en el mundo, es también nuestra tarea y misión.

 

Os presento este trabajo previo al retiro. Se que es amplio pero es fundamental hacer el esfuerzo de trabajarlo y considerarlo en sus contenidos.

 

Nos preguntamos a la hora de afrontarlo:

 

¿Cuántas de estas percepciones y actitudes se dan ya, en la práctica, entre nosotros?

¿Cuántos de estos contenidos forman parte de nuestro carisma sugeridos en Constituciones, Credo y Líneas de Acción y cuántos dormitan aún entre nosotros para ser despertados?

 

La fe en Cristo despierta y sana nuestra vida personal a favor de los demás y, la percepción gozosa de nuestra vida nos impulsa, atrae, a una mayor y más amplia percepción vital hacia la plenitud. Como peregrinos de la fe y servidores de la juventud hemos de saber, en todo momento, dónde estamos mirando a nuestro norte: Jesús de Nazaret

Este retiro quiere situarse en la identidad básica de la Comunidad Misión Juventud: Seguir a Jesús y vivir el Evangelio.


MANIFIESTO DE LA NUEVA HUMANIDAD.

 

Autor: Juan M. Sanchez-Rivera Peiró SJ

 

Primera Parte

 

 

 

1.- Introducción

 

Esta puede ser la voz de un hombre, pero también puede ser la voz de innumerables personas que no se conocen a sí mismas o a los demás, pero que participan de una misma creencia. Y esta creencia es que no creemos en la discriminación – no diferencia – entre nativos y extranjeros, entre hombres y mujeres, entre jóvenes y viejos, entre ricos y pobres. Esta es la voz de aquellos que no les gusta hablar con una chica porque es bonita, ni rehúsan hablar a otra chica porque es fea. Esta es la voz de los que aman a los pobres no porque son pobres sino porque son hombres. Esta es la vos de los que no desprecian a los jóvenes porque son “hippies”, ni rehúsan hablar con los viejos que utilizan la palabra “hippies” para burlarse de un grupo de gente que no piensa como ellos. Esta es la voz de los que no pertenecen a un grupo religioso –budismo, cristianismo, hinduismo, etc. – porque quieren ser diferentes de los otros, sino porque quieren expresar su identidad básica con cada ser humano, o más todavía, porque ni siquiera piensan que su pertenencia a un grupo religioso diferente pueda ser nunca un muro entre ellos y sus prójimos.

 

Nosotros somos una Nueve Humanidad, una nueva gente que transciende las barreras de nacionalidad, sexo, color de piel, profesión y edad. Estamos libres de esas barreras y lo queremos decir bien alto. En un mundo que ha usado sus diferencias para levantar una pared entre hombre y hombre, nosotros queremos proclamar nuestra intención de usar esas mismas diferencias para construir un puente entre hombre y hombre. O, más bien, queremos mostrar que un elemento común está presente en nuestras diferencias y que todos nosotros podemos verlo si queremos. Porque todos somos una Nueva Humanidad.


2. Teorías y actitudes

 

El hombre ha tratado siempre de descubrir la verdad y de hacérsela comprender a otros. Pero, al hacer esto, ha pretendido probar esta verdad por medio de argumentos y esto le ha conducido muy a menudo a olvidar que la verdad no necesita ser defendida o impuesta. La verdad llega a ser conocida no por la fuerza sino por irradiación

No despreciamos la razón; pero no queremos probar lo que creemos por medio de argumentos. Queremos irradiar la verdad. Nosotros, los que creemos que todos los hombres nacen en la igualdad, no queremos probarlo. Sólo queremos hacer de nuestra vida un testimonio viviente de lo que creemos. No son palabras lo que el hombre moderno necesita. Ni acciones heroicas. Lo que el hombre moderno necesita es la presencia de lo que él está buscando en las profundidades de su corazón. Y este es el riesgo que asumimos. Creemos que todos somos uno, que todos somos miembros de la Nueva Humanidad, una Humanidad que ha existido por siglos de siglos, o, más bien, desde el comienzo, pero que nunca ha tomado plena conciencia de su unidad. Pero no queremos forzar a otros a esta toma de conciencia, porque sabemos que esto es imposible. No queremos “reformar o acusar a otros. Sólo queremos ser consecuentes con nosotros mismos. Vivir lo que creemos. Y esto es lo que llamamos irradiación. El sol hace posible la vida en el mundo, aunque el mundo no lo conozca. Y esto es lo que queremos hacer de nuestras vidas: Una luz que pueda ayudar a otros a encontrar sus vidas llenas de sentido. Para aquellos que no nos conocen o que nos miran desde fuera, nuestra vida puede parecer dura o sin sentido. Pero sabemos que nada es duro o difícil para aquellos que creen en lo que viven.


 

3. Dos actitudes básicas

 

Porque no estamos ciegos, sabemos que vivimos en un mundo de seres divididos en dos grupos básicos: Los que quieren ser ellos mismos y realizarse utilizando a los demás, y los que escogen ser ellos mismos dejando que los otros tengan su propio modo de ser. Rehusamos adoptar la primera actitud, pero no queremos despreciar a los que la adoptan, porque sabemos que demasiado a menudo todos tenemos la tendencia a hacer lo mismo. Sabemos que ellos temen ser destruidos por otros, si les dejan ser ellos mismos. Pero no podemos aceptar una división entre nuestra propia realidad y la realidad de los otros como un conflicto o límite. Solamente siendo nosotros mismos podemos ayudar a otros a ser ellos mismos, y sólo dejando a los otros ser ellos mismos, ser diferentes, podemos llegar a ser nosotros mismos.

 

4. Yo y otros

 

En un mundo que tiene a decir que sólo el que dispara primero puede sobrevivir, queremos proclamar que matar no puede ser nunca el único modo de sobrevivir. Pero no nos referimos sólo a la muerte física. Si somos una Nueva Humanidad –y lo creemos así- , no podemos realizarnos a menos que lleguemos a ser nosotros mismos. Si algunos tienen miedo a ser destruidos por nuestra presencia, tenemos que hacer de nuestras vidas un testimonio de paz y creación. Ser uno mismo significa ser consecuentes con lo que somos y con lo que podemos ser, ser consecuentes con la interna melodía de nuestras vidas. No hay verdadera sinfonía mientras no se siga la partitura del compositor. Un compositor no puede ser un verdadero creador mientras no escriba la melodía que canta en su corazón. Si hace caso a lo que cada uno le dice sobre cómo debe componer, nunca escribirá su sinfonía. Pero no es que desprecie a sus amigos o les tenga miedo. Es que quiere darles algo nuevo, algo nunca oído hasta ahora, Siendo nosotros mismos auténticos, somos auténticos para los otros. No rehusamos oír lo que otros tienen que decir acerca del tema nuestra vida. Pero la decisión final es nuestra. Sabemos esto y nos alegramos de tener la oportunidad de ofrecer algo nuevo al mundo.

 

Así, pues, oímos a todo el mundo con cariño, pero nunca nos olvidamos de oírnos a nosotros mismos. Y, sin embargo, no amamos nuestra realidad porque nos separe de los otros, o porque nos sitúe por encima de ellos, sino, al contrario, porque nos acerca a ellos y en cierto sentido nos pone por debajo de ellos. Nos amamos a nosotros mismos, porque este amor a sí mismo hace posible amar y admirar a los demás.

 

5. Amor y compasión

 

Podemos amar a los otros sólo porque somos auténticos, sinceros con nosotros mismos. Amar a alguien significa ofrecerle toda nuestra personalidad para ayudarle a crecer como persona. Pero mientras no seamos auténticos, tampoco el otro lo será. La honestidad crea honestidad. La falsedad crea falsedad. Si no tenemos miedo de ser nosotros mismos, tampoco el otro lo tendrá. La respuesta a la pregunta: “¿Qué puedo hacer para ayudar a otros a llegar a ser ellos mismos?”, es “No hagas nada, sé tú mismo”. El amor no es un modo de hacer, sino un modo de ser. No es una acción sino una actitud. Siempre tenemos la tentación de sustituir contenidos por formas. Pero las formas nacen de las actitudes, y hasta que no conseguimos la actitud apropiada, no podemos tener la forma apropiada. Lo primero que necesitamos para ayudar a otros a crecer, es no impedir nuestro propio crecimiento. En otras palabras, a menos que nos amemos a nosotros mismos, no seremos capaces de amar a otros.

 

El amor es una respuesta de una persona a una persona. El amor está basado en la propia aceptación, en la satisfacción de ser nosotros mismos, a pesar de nuestros defectos. Amamos a ricos y pobres, nativos y extranjeros, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, no porque son pobres, ricos, hombres, mujeres, jóvenes o viejos, sino porque son ellos mismos. “Amara” a alguien porque es pobre o porque está enfermo, no es amor sino compasión. La compasión es la respuesta sentimental no a lo que la persona es sino a lo que la persona necesita. Esto no crea personas sino seres que se compadecen a sí mismos. La compasión no es mala, pero es imperfecta. La compasión no ve a la persona detrás de su necesidad. Y porque ésta no es la respuesta total a una persona total, no es una actitud de la Nueva Humanidad. El amor produce gozo; la compasión, tristeza. La persona que es amada es capaz de reír, porque se siente orgullosa de sí misma. La persona que es compadecida es incapaz de gozarse porque siente pena de sí misma.

 

6. Alienación y libertad

 

Pertenecer a la Nueva Humanidad significa ser consciente de nuestra unidad básica. Estar alienado significa permanecer en una sociedad que rehúsa a sus miembros el derecho a crecer en la dimensión que sus conciencias revelan. Lo que hace posible la alienación es el pecado personal. El pecado es sacrificar a los otros a nuestros propios intereses. Si, olvidando que todos somos uno, destruimos a otros, nos estamos destruyendo a nosotros mismos, a nuestros propios miembros. Es posible que los que tratan de ser ellos mismos destruyendo a otros, puedan pensar que se están liberando. Pero la libertad nunca es libertad “de”, sino libertad “para”. Los novios que acuden a una cita no están libres de nada. Son libres el uno para el otro. La libertad de la Nueva Humanidad no es libertad de las personas sino libertad para las personas. Liberarse ”de” lleva a la nada. Si uno comienza destruyendo al otro, muy pronto se encontrará solo en el mundo. La libertad para el otro conduce a la unidad. Si cada uno es libre para los demás, la alienación desaparece. El problema está en que tienen miedo de que el ser libre para los demás signifique el ser utilizado por ellos. Y esta es nuestra tarea, la tarea de la Nueva Humanidad: mostrar con nuestras propias vidas que ser libre para los demás significa ser libres para nosotros mismos.

 

Si la libertad no es libertad “de” sino libertad “para”, entonces podemos llamarla fidelidad. Lo mismo que no podemos amar si no nos amamos a nosotros mismos, no podemos ser libres si no somos auténticos con nosotros mismos. Somos libres para hacer de nosotros mismos la persona única e irrepetible que sabemos que podemos ser. O si no nos conocemos aún, somos libres para esperar nuestra propia revelación interior.

 

Ser libre significa evitar el riego de imitar la vida de otros y el riego de tratar de ser diferentes de los demás. En ambos casos olvidamos oírnos a nosotros mismos. Si, por ejemplo yo decido casarme porque todos se casan, no estoy haciendo lo que quiero sino simplemente repitiendo lo que otros hacen. Pero si rehúso casarme porque no quiero ser como los demás, tampoco estoy oyéndome a mí mismo. En ambos casos me olvido de ser auténtico conmigo mismo, me alieno de mí mismo.

 

Sabemos que somos libres para ser nosotros mismos, libres para ser la persona que hemos decidido ser. Sabemos que la libertad implica fidelidad y responsabilidad hacia nosotros mismos y hacia los otros. Sabemos que la libertad no es irracionalidad. Para subir a una montaña no podemos cambiar los planes a cada minuto. Somos responsables de lo que hacemos. Y nuestra responsabilidad básica hacia la Nueva Humanidad no puede existir y ser nueva a no ser que nosotros existamos de una manera nueva. Ser o no ser, esta es la cuestión básica. Ser yo mismo inspirando a otros el ser ellos mismos.

 

7. Tiempo y eternidad

 

Se ha dicho que el choque de generaciones es debido a una diferente concepción del tiempo. Los viejos miran hacia el pasado, hacia lo que ha sido. Los jóvenes miran hacia el futuro, hacia lo que va a nacer. Así no se pueden entender entre sí. Pero la Nueva Humanidad vive en el presente. Acepta lo que ha sido y ve cómo lo puede incorporar a lo que va a nacer. Lo hace no a base de actuar sino a base de irradiar. Sabemos que siendo diferentes de las personas que nos precedieron, no por eso estamos alienados de ellos. Ellos fueron hombres como nosotros y nosotros somos hombres como los que nos seguirán. El hombre existía antes de nuestro nacimiento y seguirá existiendo aún después de que hayamos desaparecido nosotros.

 

Pero esto no es todo. El presente que vivimos no es el presente del tiempo sino el presente de la eternidad. No es un presente momentáneo sino un presente eterno. Es el presente que existió hace muchos siglos y el presente que será dentro de muchos siglos. Esta es nuestra creencia básica, la única que hace posible el gozo. Que ni el tiempo puede separarnos a unos de otros. Estamos dispuestos a demostrar con nuestra actitud que ser hombre no es una tarea temporal sino una responsabilidad eterna.

 

 

 

 

8. La muerte y la vida

 

Sabemos que la muerte es temible. No tenemos miedo a admitirlo. Pero la muerte no es un hecho fisiológico. La muerte es separación. Y una separación temporal no es temible. Puede ser triste porque queremos estar con los seres queridos, pero nunca es temible. Lo insoportable es la separación eterna de los seres queridos. Y esto es la muerte: eterna separación, alienación eterna. Pero entonces, si pertenecemos a la Nueva Humanidad, no podemos temer ya a la muerte. Porque la alienación no sucede a no ser que la aceptemos. No podemos ser separados de nuestros seres queridos a menos que huyamos de ellos. La alienación es muerte espiritual, y la muerte espiritual sólo puede acaecer por actitudes espirituales. La muerte espiritual, la única muerte temible, es no amar a los demás. Muerte espiritual es ver tratados a los demás como animales y no procurar impedirlo. Muerte espiritual es ver matarse unos a otros – en tiempo de guerra con armas y en tiempo de paz con odio – y olvidarse de ello, Muerte espiritual es rechazar el amor. Muerte espiritual es la muerte del espíritu

 

Pero nosotros somos una Nueva Humanidad, y no podemos temer a la muerte. Estamos en este mundo para mostrar el sentido real de la vida. Estamos aquí para reír con los que ríen y llorar con los que lloran. Estamos aquí para mostrar a los demás que no están solos. Estamos aquí no para hablar de la vida y de la muerte, de la alegría y de la tristeza, de la esperanza y de la desesperación, sino para irradiar amor. Estamos aquí para triunfar de la alineación con la unidad, y de la muerte con la vida. Porque somos una nueva Humanidad que, por ser auténtica consigo misma y con los demás, puede irradiar paz, alegría, esperanza.



II.- LA NUEVA HUMANIDAD Y LOS GRUPOS HUMANOS

 

 

1. introducción

 

 

Que todos seamos uno no significa que todos seamos lo mismo. La unidad de la Nueva Humanidad no está basada en la ausencia de diferencias sino en la ausencia de discriminaciones. Lo que nos hace uno es lo que somos (Humanidad) y la actitud básica que adoptamos hacia los demás (amor). Lo que nos hace diferentes es nuestro proyecto fundamental –nuestra vocación personal – y la manera que escogemos para desarrollarla. Así, aunque somos una Nueva Humanidad, nacemos hombre o mujer, tenemos una nacionalidad definida, pertenecemos a una clase social, podemos ser asignados a una cierta generación y podemos escoger un cierto grupo religioso. Nuestra tarea es mostrar con nuestras vidas que podemos ser uno siendo diferentes. Porque ser una persona significa ser una existencia diferenciada en relación con a otros.

 

2. La Nueva Humanidad y las diferencias sexuales

 

El amor transciende todas las distinciones, pero puede y tiene que expresarse dentro de un modelo definido. Algunas personas se casan porque quieren mostrar de una manera concreta que el amor es una relación de persona a persona que desafía a la muerte y a la separación. Y muestran las actitudes fundamentales de la Nueva Humanidad en la participación de un destino fundamental. Muestran de una manera concreta que el amor no es auto-destrucción sino realización mutua. Algunas personas no se casan, no porque tengan miedo a perder su propia libertad sino porque quieren darán testimonio diferente, el testimonio de que la separación física no es temible y de que el tiempo del amor no es ni el pasado ni el futuro sino el presente de la eternidad. Los que no se casan están orgullosos de los que lo hacen, porque muestran un aspecto de la Nueva Humanidad, su concreción y su mutua realización. Los que no se casan respetan a los que se casan. Y los que no se casan respetan a los que no se casan, porque testimonian otro aspecto de la Nueva Humanidad, su amor a todos y su eternidad. Y ambos grupos realizan los fines de la Nueva Humanidad siendo ellos mismos.

 

Pero existe una actitud más fundamental, aquella que define la Nueva Humanidad. El punto fundamental no está en cómo nosotros, hombres o mujeres, miramos al matrimonio, sino en cómo miramos al sexo opuesto. Porque nuestra actitud hacia el sexo opuesto es la resultante y la suma de nuestras convicciones fundamentales. Una vez más queremos proclamar que lo importante no es la manera de obrar que tiene el hombre sino la actitud de la que nacen sus actos. Y nuestra actitud fundamental hacia el sexo opuesto está basada en nuestra propia estima. Queremos que el otro esté orgulloso de sí mismo en nuestras relaciones. Queremos expresar nuestro respeto, nuestra admiración, nuestro gozo, nuestro aprecio. Amamos al otro no porque sea un hombre o una mujer, sino por ser el hombre o la mujer que es. Amamos al sexo opuesto para expresar nuestra propia exaltación, y no esperamos que el otro actúe de otro modo. El amor ciego puede ser compasión, pero ciertamente no es amor. El amor conoce lo que ve y se alegra de ello. No decimos que sólo amamos lo perfecto, sino que amamos al otro para ayudarle a llegar a su propia perfección, y para alcanzar, también nosotros, nuestra propia perfección. El amor implica sacrificio, pero nunca implica tristeza. La persona que se casa sacrifica otras muchas elecciones, pero no se preocupa por ellas, porque sabe por qué se casa con esta persona determinada. La persona que no se casa sabe que sacrifica la vida matrimonial, pero tampoco se preocupa porque sabe por qué lo hace.

Las diferencias nos enriquecen; los elementos comunes nos unen

 

3. La Nueva humanidad y el Nacionalismo

 

Nacemos hombre o mujer. Y nacemos japoneses, españoles, americanos, indios congoleses, australianos. Lo sabemos y nos gloriamos de ello. Aunque nuestra nación no sea perfecta, nos gloriamos de ella, porque podemos ayudarla a serlo. Pero no queremos que otras nacionalidades olviden su propia peculariedad. Nosotros como españoles nos gloriamos de ser españoles, pero no queremos que los americanos se conviertan en españoles, así como tampoco queremos que los españoles se conviertan en americanos. Porque sabemos que la clave de la riqueza reside en la diversidad. Si el nacionalismo significa gloriarse de la propia nacionalidad, entonces somos muy nacionalistas. Pero si nacionalismo significa tratar de someter por medio de la fuerza a las otras naciones del mundo entonces no somos nacionalistas. No queremos sentirnos orgullosos de nosotros al precio de que otros se sientan avergonzados de sí mismos. Sabemos que muchas naciones han cometido en el pasado el error de confundir la estima propia con la ambición. La propia estima es el gozo de ser lo que uno es. La ambición es el deseo de poseer lo que uno no tiene. El resultado de la propia estima es la paz, porque todos podemos sentirnos alegres de lo que somos. La consecuencia de la ambición es la guerra, porque no podemos adquirir lo que no tenemos a no ser que usemos la fuerza.

Las diferencias nos enriquecen: el destino común nos une

4. La Nueva Humanidad y las clases sociales

 

Nacemos hombre o mujer. Nacemos español o no español. Podemos cambiar nuestra nacionalidad pero generalmente no lo hacemos., ni podemos cambiar tan fácilmente las tradiciones que hemos absorbido durante nuestra vida. Pero no nacemos ricos o pobres. Nacemos en una familia pobre o rica, y nos hacemos ricos o pobres. Pero si somos una Nueva Humanidad, no aceptamos a las personas por lo que aparentan sino por lo que son.

Sabemos que lo importante no es el estamento social de los hombres sino la actitud hacia los hombres que pertenecen a diferentes estamentos. Porque sabemos que el valor de los hombres no estriba en el trabajo que hacen sino en su actitud fundamental hacia el trabajo. El hombre que trabaja para crear algo, para expresarse, merece respeto. Uno de los fallos del mundo moderno es que muchos no trabajan para auto-realizarse sino para autodegradarse. Y hay muchos que han llegado a despreciar el dinero porque ya no saben cuál es su sentido. El dinero fue creado como una expresión de valor, como un símbolo de estima. Fue creado por quienes conocían el sentido y valor del trabajo como expresión de ese valor. Pero el dinero no puede equipararse a los valores. Pensar que ser rico significa ser un creador, ya no es verdad. Si somos una Nueva Humanidad no podemos olvidar que el dinero es solamente un instrumento, nunca una fuente. Puede proporcionar lo que se puede comprar, pero no puede proporcionar nada espiritual. Puede dar cuerpos, pero no almas. Puede proveer al hombre medios para la felicidad, pero no puede dar esa felicidad, porque la felicidad no es una cosa, sino que es el resultado de una actitud. Porque el dinero no puede invertir la ley de la causalidad; la causa tiene que preceder al efecto para que el efecto se siga. La causa de la felicidad es el amor: tratar de ser feliz sin amor es pedir un imposible. Y es por esto que el dinero puede ser un instrumento muy peligroso. El dinero destruye a todo el que no entiende su sentido, del mismo modo que la energía atómica destruye al que no sabe como utilizarla

 

Somos una Nueva Humanidad. Aunque queremos disminuir el abismo que separa a pobres y ricos a base de dar a cada uno el trabajo que desea y puede realizar, sabemos que el abismo seguirá existiendo mientras no caigamos en la cuenta de que todos somos uno. No podemos salvar el abismo. Pero queremos testimoniar nuestra creencia en la unidad fundamental de la Humanidad. Reconocemos el hecho de que no todo el mundo puede ni quiere realizar el mismo trabajo. Pero sabemos que el valor del hombre no reside en lo que se hace sino en la intención del que lo produce.

Somos una Nueva Humanidad constituida por personas con diferentes cualidades y se precia de ello. La diversidad de nuestras tareas nos enriquece; la satisfacción que encontramos en nuestro trabajo nos une

 

5. La Nueva Humanidad y las diferentes generaciones.

 

Somos jóvenes, viejos o maduros. Nacemos en un tiempo definido y pertenecemos a una generación determinada. Pero el tiempo es como una mano: puede golpear al hombre y derribarlo o puede asirlo y sacarlo del mar en el que se está ahogando. Puede ser un golpe o una caricia. Todo depende del modo como escojamos usarla. Los viejos pueden soñar con el pasado, o pueden poner el pasado al servicio de los que no lo conocen. La experiencia siempre es necesaria a la hora de hacer un mundo nuevo. A no ser que conozcamos el pasado y sus errores, seguiremos repitiendo esos mismos errores. Somos una Nueva Humanidad y tenemos conciencia de los tesoros de experiencia que están sepultados en nuestro pasado. Pero tenemos conciencia, también, del peligro de gastar nuestras vidas repitiendo sin fruto el pasado. Necesitamos la experiencia del pasado, es verdad, pero necesitamos también la energía de la juventud. El cambio implica ambas cosas, elementos antiguos y formas nuevas. La destrucción completa sólo lleva al caos. El conservadurismo completo sólo conduce al tedio. Si queremos sobrevivir y preciarnos de nuestra civilización, necesitamos oír a ambas partes.

Somos una Nueva Humanidad compuesta de diferentes edades y que se precia de ello. Las diferencias nos dan vitalidad; la unidad nos da la paz.

 

6. La Nueva Humanidad y los grupos religiosos

 

Somos una Nueva Humanidad y, si creemos esto, nada puede separarnos a unos de otros. Y, menos que nada Dios, nuestro Padre. Algunos de nosotros son budistas, otros cristianos, otros judíos, otros ateos. Pero la fe no consiste en lo que decimos. Podemos llamarnos creyentes y ser ateos en nuestras actitudes. Podemos llamarnos ateos y ser creyentes. Si creemos que nada vale la pena y que el hombre es un error de la creación, un animal imperfecto que no merece la pena, podemos llamarnos ateos. Pero si estamos dispuestos a morir por nuestras convicciones, nuestro trabajo, nuestra familia o nuestro prójimo, entonces no podemos llamarnos ateos. Porque así como un niño proclama la existencia de su padre por su mera existencia, sin que haya que tener en cuenta si le conoce o no, así proclamamos nosotros la existencia de nuestro Padre en el mismo momento en que decidimos servir a nuestro prójimo incondicionalmente y sin reservas. Si nos sentimos felices con cualquiera a quien le gustan nuestros hijos, así es el Padre con cualquiera que ama al hombre, su hijo. Pero no queremos olvidar que antes que nada somos una Nueva Humanidad. Primeramente somos hombres, y después todo lo demás. O, digamos, porque somos hombres, somos este hombre concreto. De hecho no importa cómo lo expresemos. La única cosa que importa es cómo lo mostramos.

 

Somos una Nueva Humanidad, una fe, múltiple en la expresión de esa fe. Las diferencias expresan la riqueza de Dios; nuestra unidad expresa la relación fundamental hacia Él y los otros.

 

7. Epílogo

 

Esta es nuestra creencia: que somos uno y que sólo podeos ser nosotros mismos creyendo en nuestra identidad fundamental y aceptando nuestras diferencias esenciales. Somos una Nueva Humanidad compuesta de diferentes miembros. Y sabemos que muchos van a decirnos: “Bien, ¿y qué va a hacer usted con el hambre, la muerte, la guerra, la injusticia social?” Sabemos esto, pero no nos preocupa cómo responder a esta pregunta. Porque la respuesta no es cuestión de hacer sino de ser. Si fuéramos lo que podemos ser, ninguno de estos problemas existirían. Porque la raíz de todos ellos es la alienación. Alienación respecto a otros y alienación respecto a nosotros mismos. Nuestra actitud fundamental va a ser la misma. La irradiación de esta actitud fundamental será diferente de acuerdo con nuestras diversas personalidades. Trataremos de iluminar a nuestras familias, nuestra comunidad, nuestras escuelas, nuestros libros, nuestras diversiones, nuestro trabajo. Estará presente en nuestras lágrimas y en nuestras risas, en nuestro silencio y en nuestras conversaciones. Hubo un hombre que pasó por el mundo haciendo el bien, y que irradió un poder extraño que curaba a todos los que estaban a su alrededor. Y esto es lo que queremos ser: hombres que con su nueva vida, con sus actitudes hacia los demás, pueden curar la desesperación, el miedo, la desilusión, la cobardía de los que le rodean.

Porque somos una Nueva Humanidad y queremos testimoniarlo, hacerlo presente en la vida de los otros, no por lo que decimos sino por lo que vivimos