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Retiro 15-11-2008 - II.- LA NUEVA HUMANIDAD Y LOS GRUPOS HUMANOS

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Retiro 15-11-2008
II.- LA NUEVA HUMANIDAD Y LOS GRUPOS HUMANOS
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II.- LA NUEVA HUMANIDAD Y LOS GRUPOS HUMANOS

 

 

1. introducción

 

 

Que todos seamos uno no significa que todos seamos lo mismo. La unidad de la Nueva Humanidad no está basada en la ausencia de diferencias sino en la ausencia de discriminaciones. Lo que nos hace uno es lo que somos (Humanidad) y la actitud básica que adoptamos hacia los demás (amor). Lo que nos hace diferentes es nuestro proyecto fundamental –nuestra vocación personal – y la manera que escogemos para desarrollarla. Así, aunque somos una Nueva Humanidad, nacemos hombre o mujer, tenemos una nacionalidad definida, pertenecemos a una clase social, podemos ser asignados a una cierta generación y podemos escoger un cierto grupo religioso. Nuestra tarea es mostrar con nuestras vidas que podemos ser uno siendo diferentes. Porque ser una persona significa ser una existencia diferenciada en relación con a otros.

 

2. La Nueva Humanidad y las diferencias sexuales

 

El amor transciende todas las distinciones, pero puede y tiene que expresarse dentro de un modelo definido. Algunas personas se casan porque quieren mostrar de una manera concreta que el amor es una relación de persona a persona que desafía a la muerte y a la separación. Y muestran las actitudes fundamentales de la Nueva Humanidad en la participación de un destino fundamental. Muestran de una manera concreta que el amor no es auto-destrucción sino realización mutua. Algunas personas no se casan, no porque tengan miedo a perder su propia libertad sino porque quieren darán testimonio diferente, el testimonio de que la separación física no es temible y de que el tiempo del amor no es ni el pasado ni el futuro sino el presente de la eternidad. Los que no se casan están orgullosos de los que lo hacen, porque muestran un aspecto de la Nueva Humanidad, su concreción y su mutua realización. Los que no se casan respetan a los que se casan. Y los que no se casan respetan a los que no se casan, porque testimonian otro aspecto de la Nueva Humanidad, su amor a todos y su eternidad. Y ambos grupos realizan los fines de la Nueva Humanidad siendo ellos mismos.

 

Pero existe una actitud más fundamental, aquella que define la Nueva Humanidad. El punto fundamental no está en cómo nosotros, hombres o mujeres, miramos al matrimonio, sino en cómo miramos al sexo opuesto. Porque nuestra actitud hacia el sexo opuesto es la resultante y la suma de nuestras convicciones fundamentales. Una vez más queremos proclamar que lo importante no es la manera de obrar que tiene el hombre sino la actitud de la que nacen sus actos. Y nuestra actitud fundamental hacia el sexo opuesto está basada en nuestra propia estima. Queremos que el otro esté orgulloso de sí mismo en nuestras relaciones. Queremos expresar nuestro respeto, nuestra admiración, nuestro gozo, nuestro aprecio. Amamos al otro no porque sea un hombre o una mujer, sino por ser el hombre o la mujer que es. Amamos al sexo opuesto para expresar nuestra propia exaltación, y no esperamos que el otro actúe de otro modo. El amor ciego puede ser compasión, pero ciertamente no es amor. El amor conoce lo que ve y se alegra de ello. No decimos que sólo amamos lo perfecto, sino que amamos al otro para ayudarle a llegar a su propia perfección, y para alcanzar, también nosotros, nuestra propia perfección. El amor implica sacrificio, pero nunca implica tristeza. La persona que se casa sacrifica otras muchas elecciones, pero no se preocupa por ellas, porque sabe por qué se casa con esta persona determinada. La persona que no se casa sabe que sacrifica la vida matrimonial, pero tampoco se preocupa porque sabe por qué lo hace.

Las diferencias nos enriquecen; los elementos comunes nos unen

 

3. La Nueva humanidad y el Nacionalismo

 

Nacemos hombre o mujer. Y nacemos japoneses, españoles, americanos, indios congoleses, australianos. Lo sabemos y nos gloriamos de ello. Aunque nuestra nación no sea perfecta, nos gloriamos de ella, porque podemos ayudarla a serlo. Pero no queremos que otras nacionalidades olviden su propia peculariedad. Nosotros como españoles nos gloriamos de ser españoles, pero no queremos que los americanos se conviertan en españoles, así como tampoco queremos que los españoles se conviertan en americanos. Porque sabemos que la clave de la riqueza reside en la diversidad. Si el nacionalismo significa gloriarse de la propia nacionalidad, entonces somos muy nacionalistas. Pero si nacionalismo significa tratar de someter por medio de la fuerza a las otras naciones del mundo entonces no somos nacionalistas. No queremos sentirnos orgullosos de nosotros al precio de que otros se sientan avergonzados de sí mismos. Sabemos que muchas naciones han cometido en el pasado el error de confundir la estima propia con la ambición. La propia estima es el gozo de ser lo que uno es. La ambición es el deseo de poseer lo que uno no tiene. El resultado de la propia estima es la paz, porque todos podemos sentirnos alegres de lo que somos. La consecuencia de la ambición es la guerra, porque no podemos adquirir lo que no tenemos a no ser que usemos la fuerza.

Las diferencias nos enriquecen: el destino común nos une

4. La Nueva Humanidad y las clases sociales

 

Nacemos hombre o mujer. Nacemos español o no español. Podemos cambiar nuestra nacionalidad pero generalmente no lo hacemos., ni podemos cambiar tan fácilmente las tradiciones que hemos absorbido durante nuestra vida. Pero no nacemos ricos o pobres. Nacemos en una familia pobre o rica, y nos hacemos ricos o pobres. Pero si somos una Nueva Humanidad, no aceptamos a las personas por lo que aparentan sino por lo que son.

Sabemos que lo importante no es el estamento social de los hombres sino la actitud hacia los hombres que pertenecen a diferentes estamentos. Porque sabemos que el valor de los hombres no estriba en el trabajo que hacen sino en su actitud fundamental hacia el trabajo. El hombre que trabaja para crear algo, para expresarse, merece respeto. Uno de los fallos del mundo moderno es que muchos no trabajan para auto-realizarse sino para autodegradarse. Y hay muchos que han llegado a despreciar el dinero porque ya no saben cuál es su sentido. El dinero fue creado como una expresión de valor, como un símbolo de estima. Fue creado por quienes conocían el sentido y valor del trabajo como expresión de ese valor. Pero el dinero no puede equipararse a los valores. Pensar que ser rico significa ser un creador, ya no es verdad. Si somos una Nueva Humanidad no podemos olvidar que el dinero es solamente un instrumento, nunca una fuente. Puede proporcionar lo que se puede comprar, pero no puede proporcionar nada espiritual. Puede dar cuerpos, pero no almas. Puede proveer al hombre medios para la felicidad, pero no puede dar esa felicidad, porque la felicidad no es una cosa, sino que es el resultado de una actitud. Porque el dinero no puede invertir la ley de la causalidad; la causa tiene que preceder al efecto para que el efecto se siga. La causa de la felicidad es el amor: tratar de ser feliz sin amor es pedir un imposible. Y es por esto que el dinero puede ser un instrumento muy peligroso. El dinero destruye a todo el que no entiende su sentido, del mismo modo que la energía atómica destruye al que no sabe como utilizarla

 

Somos una Nueva Humanidad. Aunque queremos disminuir el abismo que separa a pobres y ricos a base de dar a cada uno el trabajo que desea y puede realizar, sabemos que el abismo seguirá existiendo mientras no caigamos en la cuenta de que todos somos uno. No podemos salvar el abismo. Pero queremos testimoniar nuestra creencia en la unidad fundamental de la Humanidad. Reconocemos el hecho de que no todo el mundo puede ni quiere realizar el mismo trabajo. Pero sabemos que el valor del hombre no reside en lo que se hace sino en la intención del que lo produce.

Somos una Nueva Humanidad constituida por personas con diferentes cualidades y se precia de ello. La diversidad de nuestras tareas nos enriquece; la satisfacción que encontramos en nuestro trabajo nos une

 

5. La Nueva Humanidad y las diferentes generaciones.

 

Somos jóvenes, viejos o maduros. Nacemos en un tiempo definido y pertenecemos a una generación determinada. Pero el tiempo es como una mano: puede golpear al hombre y derribarlo o puede asirlo y sacarlo del mar en el que se está ahogando. Puede ser un golpe o una caricia. Todo depende del modo como escojamos usarla. Los viejos pueden soñar con el pasado, o pueden poner el pasado al servicio de los que no lo conocen. La experiencia siempre es necesaria a la hora de hacer un mundo nuevo. A no ser que conozcamos el pasado y sus errores, seguiremos repitiendo esos mismos errores. Somos una Nueva Humanidad y tenemos conciencia de los tesoros de experiencia que están sepultados en nuestro pasado. Pero tenemos conciencia, también, del peligro de gastar nuestras vidas repitiendo sin fruto el pasado. Necesitamos la experiencia del pasado, es verdad, pero necesitamos también la energía de la juventud. El cambio implica ambas cosas, elementos antiguos y formas nuevas. La destrucción completa sólo lleva al caos. El conservadurismo completo sólo conduce al tedio. Si queremos sobrevivir y preciarnos de nuestra civilización, necesitamos oír a ambas partes.

Somos una Nueva Humanidad compuesta de diferentes edades y que se precia de ello. Las diferencias nos dan vitalidad; la unidad nos da la paz.

 

6. La Nueva Humanidad y los grupos religiosos

 

Somos una Nueva Humanidad y, si creemos esto, nada puede separarnos a unos de otros. Y, menos que nada Dios, nuestro Padre. Algunos de nosotros son budistas, otros cristianos, otros judíos, otros ateos. Pero la fe no consiste en lo que decimos. Podemos llamarnos creyentes y ser ateos en nuestras actitudes. Podemos llamarnos ateos y ser creyentes. Si creemos que nada vale la pena y que el hombre es un error de la creación, un animal imperfecto que no merece la pena, podemos llamarnos ateos. Pero si estamos dispuestos a morir por nuestras convicciones, nuestro trabajo, nuestra familia o nuestro prójimo, entonces no podemos llamarnos ateos. Porque así como un niño proclama la existencia de su padre por su mera existencia, sin que haya que tener en cuenta si le conoce o no, así proclamamos nosotros la existencia de nuestro Padre en el mismo momento en que decidimos servir a nuestro prójimo incondicionalmente y sin reservas. Si nos sentimos felices con cualquiera a quien le gustan nuestros hijos, así es el Padre con cualquiera que ama al hombre, su hijo. Pero no queremos olvidar que antes que nada somos una Nueva Humanidad. Primeramente somos hombres, y después todo lo demás. O, digamos, porque somos hombres, somos este hombre concreto. De hecho no importa cómo lo expresemos. La única cosa que importa es cómo lo mostramos.

 

Somos una Nueva Humanidad, una fe, múltiple en la expresión de esa fe. Las diferencias expresan la riqueza de Dios; nuestra unidad expresa la relación fundamental hacia Él y los otros.

 

7. Epílogo

 

Esta es nuestra creencia: que somos uno y que sólo podeos ser nosotros mismos creyendo en nuestra identidad fundamental y aceptando nuestras diferencias esenciales. Somos una Nueva Humanidad compuesta de diferentes miembros. Y sabemos que muchos van a decirnos: “Bien, ¿y qué va a hacer usted con el hambre, la muerte, la guerra, la injusticia social?” Sabemos esto, pero no nos preocupa cómo responder a esta pregunta. Porque la respuesta no es cuestión de hacer sino de ser. Si fuéramos lo que podemos ser, ninguno de estos problemas existirían. Porque la raíz de todos ellos es la alienación. Alienación respecto a otros y alienación respecto a nosotros mismos. Nuestra actitud fundamental va a ser la misma. La irradiación de esta actitud fundamental será diferente de acuerdo con nuestras diversas personalidades. Trataremos de iluminar a nuestras familias, nuestra comunidad, nuestras escuelas, nuestros libros, nuestras diversiones, nuestro trabajo. Estará presente en nuestras lágrimas y en nuestras risas, en nuestro silencio y en nuestras conversaciones. Hubo un hombre que pasó por el mundo haciendo el bien, y que irradió un poder extraño que curaba a todos los que estaban a su alrededor. Y esto es lo que queremos ser: hombres que con su nueva vida, con sus actitudes hacia los demás, pueden curar la desesperación, el miedo, la desilusión, la cobardía de los que le rodean.

Porque somos una Nueva Humanidad y queremos testimoniarlo, hacerlo presente en la vida de los otros, no por lo que decimos sino por lo que vivimos