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Retiros

Retiro 15-11-2008

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CONTENIDOS BÁSICOS PARA EL RETIRO: “Niveles de conciencia”

 

En una vigilia de Pentecostés, Luís Pinilla con su intuición, nos dijo: “La crisis del mundo actual, en su raíz, es que el hombre está roto, desintegrado. Hay más hombres sin cultivar que campos”. Él asumió la tarea de dar respuesta a esta situación del hombre en el mundo, es también nuestra tarea y misión.

 

Os presento este trabajo previo al retiro. Se que es amplio pero es fundamental hacer el esfuerzo de trabajarlo y considerarlo en sus contenidos.

 

Nos preguntamos a la hora de afrontarlo:

 

¿Cuántas de estas percepciones y actitudes se dan ya, en la práctica, entre nosotros?

¿Cuántos de estos contenidos forman parte de nuestro carisma sugeridos en Constituciones, Credo y Líneas de Acción y cuántos dormitan aún entre nosotros para ser despertados?

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Retiro Marzo 2005

Comunidad M-J. Zaragoza                                                           RETIRO Marzo de 2005

Orientación

Recordando...

            Continuamos la línea trazada para los retiros de este curso, descrita en las orientaciones de los anteriores. Aquí basta con recordar que en la línea de fundamentar nuestra vida en el Señor, es una de las vivencias fundantes más desconocidas la que comenzábamos en el retiro pasado de asumir la experiencia del mal. Y que continuamos en este retiro con la de “Existir reconciliados”.

 

Abordar la experiencia de Reconciliación.

            En primer lugar hacer caer en la cuenta que hacemos este retiro a las puertas de la Semana Santa. Es el “tiempo oportuno”. Aprovechémoslo con nuestra actitud interior, con la vida de oración, estemos donde estemos celebrando el Paso del Señor.

 

            Pero el “existir reconciliado”, el encuentro con Jesucristo como nuestro Salvador es una experiencia permanente para el cristiano. El camino dela fe es un camino de transformación. Es la actitud “penitencial”, de conversión constante. Nada de moda, pero que precisamente por eso nos estamos intentando acercar a ella de manera nueva.

 

            Todos sabemos que se expresa sacramentalmente con el Sacramento de la Penitencia. Es bueno que lo recordemos aunque lo vivamos hoy en la Iglesia “bajo mínimos”. Apunto aquí el tema de la confesión individual, como modo de personalizar nuestra relación con el Señor, que debe ser una aspiración a superar el quedarnos solamente con la confesión comunitaria. Pero eso, como nos planteábamos en el último equipo de espiritualidad, es tema a tratar aparte.

 

            Mientras eso llega, hay formas de cultivar la “actitud penitencial” en nuestra vida personal y comunitaria, que nos preparan a ello:

v      Que la oración personal sea lo más verdadera posible ante el Señor.

v      Que a ella vaya unida la actitud de discernimiento.

v      Un signo es cuando ya se necesita tener cada día un rato de “examen de conciencia” (no moralista), distinto al de la oración.

v      La liturgia de las horas nos ayuda todos los viernes con los laudes.

v      La revisión de vida hecha en este tono.

v      Las ocasiones que la vida nos trae de reconciliación y perdón...

 

Pistas para este Retiro:

1ª. Igual que en el retiro anterior, leer como ambientación el tema denso de “Existir reconciliado”. Pero en el retiro solo lectura ambientadora y dejar la tentación de su profundización personal y hasta comunitaria para hacerlo después.

 

2ª. Porque el retiro repetimos también que es para centrarnos en nuestra propia experiencia y a confrontarla con la Palabra de Dios. Puede ayudar mucho dedicar el tiempo más largo y despacio, a meditar con la ficha del “Salmo 130 (129) Canto a la Reconciliación con Dios”.

 

3ª. La oración y celebraciones centradas ya en el Misterio Pascual de Cristo muerto y resucitado para nuestra salvación, es la mejor de las ayudas.

 

 

Fundamentación de la fe.                                                                                           AT- 3

SALMO 130 (129)

Canto a la Reconciliación con Dios

1. Contexto vital

¡Qué necesidad de justificarnos!. Es sorprendente cómo hoy huimos del más mínimo sentimiento de culpa. Nos puede ayudar comenzar por ser sinceros con  nosotros mismos haciendo el siguiente examen de conciencia (ayudará más si se escribe alguna vivencia  concreta que sugiera alguna de estas pistas):

 

      Me defiendo cuando alguien me acusa, desde luego si lo hace injustamente, pero también aunque lo haga justamente.

 

      Cuando descubro algo de mí que no me gusta, comienzo a atribuir la responsabilidad a la influencia del ambiente, a la educación recibida, a las heridas del pasado,...

 

      No llevo bien y no afronto los desajustes entre mis buenos deseos e ideales y mi pobre realidad.

 

      El colmo de la autojustificación está en mi necesidad de no sentirme culpable: “Así soy, no puedo cambiar”, cuando bajo apariencia de aceptación propia yo sé que es una excusa como otra cualquiera.

 

          Me justifico también con Dios cuando fallo en mis compromisos religiosos o morales.

 

          Cuando me defiendo ante las exigencias radicales del Evangelio.

 

          Cuando algo falla y evito su mirada, tengo miedo a ponerme en verdad delante de El.

 

         O pongo mucho afán en cumplir las normas para sentirme en orden con El.

 

          Con la confesión me conformo para conseguir su gracia y evitar su juicio.

 

2. Lectura orante con el Salmo 130 (129)

1.       Después de la toma de conciencia anterior, ponte delante de Dios, pero intentando percibir que El es amor absoluto, padre incondicional...

2.   Recuerda algún fallo tuyo que te cuesta especialmente aceptar. ¿Lo reconoces con paz, sin necesidad de justificarte?

 

3.   Vívelo ahora con Dios, cara a cara con El, rezando despacio el Salmo 130

3. Profundización

¿No te parece una experiencia especialmente madura este modo de vivir la culpa? Este salmista creyente hace todo un recorrido: desde la situación de “hundimiento” hasta la esperanza más luminosa.

 

El núcleo de la experiencia que expresa el salmista se puede traducir así: cuando reconoces tu pecado y no te miras a ti mismo, si te dejas mirar confiadamente por la misericordia de Dios, no te sientes humillado, sino salvado. Cuando el pecado (o un fallo humano, del cual nos sentimos responsables) se cierne sobre nosotros, aparece la angustia en su forma sutil de autojustificación.

 

En cambio el salmo muestra las actitudes que nos liberan de la necesidad de justificarnos y nos introducen en la verdadera experiencia de salvación:

v      El reconocimiento de la culpa y el pecado, sin ocultarlo ni excusarse.

 

v      La confianza en el perdón de Dios, más grande que mis pecados.

 

v      La aceptación de que “Dios tiene razón”, que es inútil justificarse.

 

v      No pretender solo objetivar qué hemos hecho mal, por ejemplo con la lista de pecados, para poder controlar y no sentirnos indefensos ante el juicio de Dios.

 

v      La esperanza que da la fe en la misericordia de Dios, gratuita e incondicional.

 

v      En definitiva, la experiencia de la Reconciliación o Salvación: cómo el amor que perdona y no toma cuentas nos libera del miedo al reproche o de la necesidad de estar en orden con Dios.

4. Cuestionamiento

1º) ¿Cuál es mi tendencia habitual? ¿Cómo ha ido evolucionando mi conciencia?

Ø      Me oprime el sentimiento de culpa, tiendo a culparme y a evitar conflictos aunque salga perdiendo.

Ø      O más bien lo reprimo tendiendo a disculparme y a confrontar con los demás.

Ø      Quizá haya sentido la necesidad de liberarme de la culpa normativa y ahora me siento solo (a) con mi conciencia.

Ø      O si la refiero a Dios... ¿cómo?

 

2º) Compara la experiencia del Salmo 130 con alguna experiencia positiva de reconciliación, por ejemplo con la pareja. En parejas compenetradas y que se quieren mucho es frecuente oírles: “Lo mejor de un conflicto es la reconciliación. Nos une especialmente”. Compara las actitudes para que sea experiencia tan rica y liberadora.

 

3º) Puedes orar con otros Salmos Penitenciales: 6; 32 (31); 38 (37); 51 (50); 102 (101); 143 (142). También puedes escribir tu propia oración penitencial.

 

 

 

Retiro 15-01-2004

Comunidad M-J. Zaragoza                                                           RETIRO Enero de 2005

Orientación

Recordando...

            Lo expresado en la orientación general para los retiros de este curso de continuar con el camino de fundamentarnos en la fe: pasar de la autosuficiencia humana a que el Señor sea el apoyo de nuestra vida.

 

Comentábamos esta semana en el equipo de espiritualidad que la relación con Dios “cercano y misterioso” es encuentro personal no contra-distinto del verdadero encuentro humano. Decíamos que tanto lo logrado como las dificultades que tenemos para éste, son signo de cómo va nuestro encuentro con el Señor. Espontáneamente reconocíamos que sentimos resistencias, descoloques o falta de conciencia.

 

Hablamos también de que la gracia de Dios ha llegado a nosotros mucho a través de la experiencia comunitaria. Bendito sea. Pero que este año buscábamos condiciones para que cada uno se centrase en su propio camino de transformación, y que eso mismo sea aliento de la vida comunitaria más que al revés, como quizá ha sido más habitual.

 

Lo que podemos poner de nuestra parte para fundamentar nuestras vidas en la fe, para tener verdadera experiencia de apoyo en El, es acercarnos a superar la banalidad de nuestra época en las mismas experiencias humanas en las que Dios habla e interviene. Solo que hace falta que nos enteremos que tiene mucho que ver, que habla y que interviene.

 

Para este retiro

            Por varias razones decidimos que sería bueno centrar este retiro en una de esas experiencias: la de la fuerza del mal. Experiencia que va unida a la propiamente religiosa de la fuerza del pecado. Pero vamos a centrarnos ahora en la primera para acercarnos en el siguiente retiro a la segunda.

 

            Es posible que nada más nombrarlo se nos haya hecho presente la tan viva y presente catástrofe natural del sureste asiático. Efectivamente, esa es una fuerza del mal (como podemos inmediatamente reconocer muchas otras en nuestro mundo). Frente a ello hay respuestas humanas: magníficos ejemplos de solidaridad, remoción de los sentimientos, búsqueda de mejoras científicas, sociales y políticas, etc.

 

            Pero, ¿Te parece que es eso todo?. No podemos eludir que la fuerza del mal es mucho mayor que todo lo que el hombre hace por superarlo. Por eso no es gratuito sino tremendamente humanizador, que los creyentes aportemos la pregunta hecha al mismo Dios. ¿Qué tiene El que decir a todo esto?.

 

Pistas para abordarlo

            1ª. Como es un tema tan poco tratado (¡muestra de cómo lo rehuimos hasta que nos llega el batacazo!), puede ambientarnos el comenzar leyendo ese pequeño escrito sobre las diversas perspectivas de “La experiencia del mal”.

 

            2ª. Después y como lo central del retiro, invito a centrarnos en nuestra propia experiencia y a confrontarla con la Palabra de Dios, a preguntarle y dejar que sea El quien nos diga. El Antiguo Testamento es un filón imprescindible para esto. Igual que en el retiro pasado, nos apoyamos en una cita del AT que tienes en la ficha de meditación “La historia de Ana”.

 

            3ª. Finalmente ora. Sugiero el Salmo 73, que nos servirá de apoyatura  para la oración común, pero tenemos también la preciosa oración de la misma Ana en el capítulo 2 del libro de Samuel.

 

Y no se nos puede olvidar que Dios se ha revelado de muchas maneras a los hombres pero finalmente en la persona de Jesús. Por eso es ineludible la referencia a El. Es lo que hacemos en toda Eucaristía. Ahí aludimos en la del viernes a Jesús como “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Orar con El “muerto por todos, obediente hasta la muerte y muerte de cruz” .

 

Sugerencias

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->En el retiro primero dimos apoyaturas para entrar en retiro personal. Hay que empezar por situarse desde donde uno está y repartir bien el tiempo.

 

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Quiero recordar también que, a propósito, se puso en la página Web un documento sencillo y aplicable sobre la capacitación para la vida interior. Se ha pedido que dejara algún ejemplar fotocopiado por si a alguien le viene bien centrarse en ello.

 

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Es el momento de repetir que este tipo de retiros permite que cada uno se centre en lo que necesite, no necesariamente en el tema que se aporta, que al tenerlo por escrito se puede aprovechar en otro momento.

 

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Si te centras en el tema del mal, recuerdo que hay al menos un par de capillas de la casa que vienen directamente al tema: la de la situación del tercer y cuarto mundos y la desnuda con la cruz.

 

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Finalmente una pregunta: ¿ha tenido el anterior retiro algún tipo de continuidad en tu vida real, oración personal, equipo de revisión, etc...?

 

 

Fundamentación de la fe.                                                                                           AT- 2

 

LA HISTORIA DE ANA

1. Contexto vital

La Biblia está plagada de historias que están diciendo que la relación con Dios es una historia vivida en medio de los conflictos de la existencia. Más aún, que es en medio de la impotencia, de las situaciones de la condición humana sin salida, donde más frecuentemente aparece Dios.

Vamos a tratar de acercarnos a una esas historias tratando de percibir cómo Dios no es un mero refugio ni mucho menos ajeno a los sufrimientos del hombre,

2. Meditar con: 1 Sam 1, 1-20

1. Lee despacio la historia que se nos cuenta. Trata de entrar en cada uno de los personajes y situaciones. Para ayudarte en la lectura, he aquí algunas pistas.

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Peniná vejaba a Ana por su esterilidad (v.6): ¿qué le pasa a Peniná con Ana?, ¿es simplemente “mala” o es otra cosa?.

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->El marido Elcaná, trata de consolar a su mujer (v.8). Naturalmente se compadece de su sufrimiento, pero ¿qué insinúan sus palabras?.

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Ana es la mujer que quiere vivir su humanidad hasta el final. Año tras año la familia sube a orar a Siló y habrá pedido por su esterilidad, pero esta vez fíjate que toda la persona de Ana está en su pedir (v.9ss) hasta el punto de que el sacerdote Elí cree que está ebria.

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Ana “comió y no parecía la de antes” (v.18): ¿por qué ya no es la de antes?. Hay un antes y un después de ciertas experiencias...

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->No te quedes con que el Señor se lo ha concedido. Quédate con la transformación de Ana al darle al niño el nombre de su identidad: Samu-El = ¡Al Señor se lo pedí!.

 

2. Una vez que has meditado la “historia de Ana”, mira la vida en lo que tiene de impotencia, de sufrimiento y conflicto:

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Qué conflictividad vives ahora tu por dentro?

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Cómo reaccionas cuando te llega un sufrimiento fuerte? ¿Cómo entra Dios?

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Ha habido experiencias que te han hecho dudar de la bondad de Dios?

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->O por el contrario ¿Ha habido en tu vida alguna experiencia del mal de la que hoy des gracias a Dios? ¿Por qué?

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->¿Te atreves a plantarte delante de Dios como Ana?

 

3. Ora con el Salmo 73 (72): no rehuyo el problema de “los malvados” (v. 2-12) / que amenaza mi propia fe (10-15) / hasta que callo, entro en el silencio (16-22) / y siento la intimidad de Dios sobre mi propia condición (23-28). 

3. Oración compartida: -siguiendo las cuatro partes del Salmo-

¿Qué te queda hoy de tu manera de dejar entrar a Dios en tus sufrimientos, conflictos o en las situaciones insalvables de la condición humana?.

 

 

 

LA EXPERIENCIA DEL MAL

 

Experiencia fundante

 

Experiencias que nos permiten fundar una fe verdadera en el Señor son, por ejemplo, el don de la fe o la llamada de Dios. Hoy no se puede imponer, y hay gente para la que Dios no es necesario. La pregunta a hacerse es: ¿Crees que Dios tiene algo que ver contigo?, y ¿te lo preguntas?. El don de la vida o el sentimiento de criatura. Una experiencia muy importante en un mundo autosuficiente.

 

Pero otra no fácilmente aceptada hoy es la de Ser reconciliados:

<!--[if !supportLists]-->n     <!--[endif]-->El drama de la fe: el mal

<!--[if !supportLists]-->n     <!--[endif]-->El drama de la vida: culpa y pecado.

 

El drama de la fe está en que no hay transformación personal si no se entra en la crisis, el conflicto y no se deja entrar a Dios en las contradicciones insalvables de la existencia humana.

 

Niveles de afrontamiento

 

1.- Al hombre de hoy no le causa problema cuando el mal viene de la libertad del hombre. La psicología ya aporta que el sufrimiento sólo puede ser superado cuando se pasa del principio de placer al principio de realidad (reconocer la realidad como es, y no como yo desearía que fuera).

 

Pero lo que pasa es que el principio de placer es muy fuerte (ej: super-protección familiar: dar todo a los hijos y que nadie me los toque; una educación excesivamente permisiva, una crisis tremenda de la autoridad; aquí vale todo, no hay valores que pesen, y sólo vale lo que me sirve. Además, está la presión tremenda del consumo) y se opone al principio de realidad.

 

Manifestaciones: cuesta muchísimo elaborar las frustraciones. El niño consentido, cuando no consigue algo, coge una rabieta tremenda. No se desmontan las fantasías de omnipotencia. También  tiene especial importancia en la mitad de la vida. Porque vivimos en un mundo de satisfechos en que no nos afecta nada, y entonces sucede algo que impacta a la persona, en torno a los 40 años. Si se rehúye eso, se decanta el futuro de la vida, y llegará a ser una persona amargada, supercrítica, ...

 

Consecuencia: el mundo de hoy elude hacerse cargo del mal, lo echa a un lado.

 

En este primer nivel del mal hay que aceptar que el mal forma parte de la vida (principio de realidad), pero no teóricamente, sino asumirlo, afrontarlo cuando nos llega.

 

 

2.- Pero ¿qué pasa con el mal gratuito? Por ejemplo, las catástrofes naturales. Así vino la crisis de fe de Camus, cuando vio a un coche atropellar a un niño inocente. Esto interpela a la fe: qué pasa con el mal del justo, del inocente. El escándalo para la fe empieza aquí. Esto está en el fondo del corazón de cualquiera.

 

En las culturas antiguas y en el Antiguo Testamento la conciencia que subyace es que Dios premia a los justos y castiga a los pecadores (Salmo 73, amigos de Job,...).

 

Aquí es donde la cultura moderna da el paso de asumir el mal que nos toca como principio de realidad y afrontarlo luchando con él como se puede: enviar ropa y mantas a damnificados por un terremoto, ir al médico en una enfermedad,...  Es un paso más abrirse a la sabiduría que se adquiere de ver qué nos enseña ese sufrimiento concreto.

 

Pero el problema se plantea cuando el mal no tiene salida. Antes hay esperanza, pero cuando no la hay solo puede hablar cada uno que se encuentra en el sufrimiento que le toca. No podemos juzgar el mal de los otros desde donde estamos, si no estamos en su piel (por ejemplo, el sufrimiento de los damnificados de Marruecos que no reciben ayuda, y su clamor se dirige contra el Gobierno, que es contra quien pueden gritar, como expresión de su rechazo del mal que sufren). ¿Cómo el mundo actual se cree tan poderoso y habla tan alegremente de estos temas?

 

Por eso el creyente no se conforma con esto y pregunta a Dios. Esto es muy importante: Dios es percibido como alguien que tiene algo que ver con el mal que estoy sufriendo y que puede decirme la palabra definitiva. Es el momento de plantear el conflicto con Dios.  Es lo que hace Job. No temer al juicio de Dios, que no es con abogados defensores y acusadores, sino cara a cara con quien me quiere incondicionalmente; así puede crecer el amor, si tenemos confianza de dirigirnos a él, y no nos callamos soportándolo todo.

 

Hay una realidad del mal que podemos afrontar, pero otras no. Quien acoge cara a cara con Dios el problema del mal que no puede afrontar y se queda en silencio ante él, entra en otra dimensión. Es lo que se dice en Job y en el Salmo 73. La lucha ya no basta, pero la acogida del misterio del mal que estoy sufriendo y que no puedo afrontar es ya una manera de afrontar el mal. Es lo que hace Jesús en la cruz.

 

Esto lleva a vivir el amor en nivel inusitado, y la experiencia de reconciliación y de perdón es la manifestación más alta del amor.

 

El Antiguo Testamento no deja de ser una película de buenos y malos, donde el justo es retribuido y el malo es castigado. Pero Job se deja en las manos de Dios.

 

 

3.- Cuando se ve que el mundo no es el Reino de Dios, que es imposible llegar por sí mismo a la plenitud, y llega el silencio para dejar que Dios diga su última palabra, la respuesta que encontramos es que Dios sufre conmigo en ese momento. Job no ha perdido su dignidad cuando se recupera en Dios, sino que es aun más él mismo.

 

En el misterio de Cristo crucificado, es donde uno se encuentra con el camino de redención y de Vida, con el amor al modo de Dios, el amor redentor y salvador.

 

Es necesario tener siempre en cuenta en el acompañamiento las situaciones de crisis y conflicto, de mal, y no rehuírlas. Y en la fe plantearlas cara a cara con Dios.

 

 

 

La experiencia de Job 

 (De “Experiencias humanas y camino de fe” ciclo 2, ficha2)

 

 

Es el Libro de Job la meditación más impresionante sobre el mal en el Antiguo Testamento. Job es un hombre justo, conforme al corazón de Dios, conforme al corazón de Dios, que es puesto a prueba precisamente mediante la experiencia del mal. De rico que era, se queda sin nada; sus hijos e hijas mueren trágicamente; él mismo termina siendo un leproso, un maldito. Su mujer le increpa y se burla de él: "Ya ves de qué sirve ser bueno, confiar en Dios...". Pero Job no se subleva contra Dios.

 

Sus amigos representan la ideología tradicional sobre el mal: "Si te ha ocurrido todo esto, algo malo habrás hecho, porque Dios es justo". Job se de­fiende y demuestra a sus amigos que no pueden encontrarle falta. Llega un momento en que se atreve a interpelar a Dios a que le juzgue.

 

Cuando Dios se le revela (últimos capítulos), no le hace examen de con­ciencia ni le demuestra lo pecador que es, y que, por lo tanto, merece el sufri­miento en justicia. Dios le pregunta sobre el misterio del mundo y del hombre mismo. Job va quedándose en silencio, y comienza a comprender que el mal no es un problema que hay que resolver, sino un misterio que ayuda, más allá, a descubrir, a través del sin-sentido, un sobre-sentido oculto, que será la fuen­te de la sabiduría y de la plenitud de la existencia creyente.

 

Cuando uno pretende saber por qué, todavía está intentando controlar, te­ner la última palabra. Cuando uno mira al mal de frente, a los ojos, queriendo dominarlo, ocurre como dice la mitología que ocurría al que miraba la Esfin­ge, que ésta lo devoraba. El mal sólo puede ser mirado indirectamente, desde el corazón de Dios, el único Señor de la vida y de la muerte, que nunca aban­dona al hombre a su propia suerte.

 

            A esta sabiduría, que renuncia a saber/explicar (la ilusión de poder domi­nar la finitud), los creyentes llamamos confianza. La respuesta al porqué del mal es paradójica: primero, confía, y luego descubrirás el porqué.

 

Cuando muchos preguntan "por qué Dios permite tanto sufrimiento" y, por ello, llegan a dudar de su existencia, tienen razón: un Dios indiferente ante el sufrimiento no tiene derecho a existir. Pero, ¿de qué Dios hablan? El Dios que nosotros conocemos es el manifestado en Jesús crucificado.

 

Es el que lucha contra el mal en todas sus formas y sufre voluntariamen­te con nosotros el mal; pero no lo hace como nosotros quisiéramos, suprimir­lo por un golpe de varita mágica. Nos libera de la violencia que hay en nues­tra angustia por suprimirlo, haciendo del sufrimiento camino de liberación. Lo suyo es dignificar al hombre y crear vida de la muerte. .

 

El creyente adulto se desconcierta ante la fuerza del mal, pero mira al Crucifijo y escucha las palabras de Jesús a Pedro. (Jn l3): "Lo que no entien­des ahora, lo comprenderás más tarde".

 

 

 

 

 

 

 

 

           

             

 

 

 

Retiro 20-11-2004

Orientación de los Retiros para este Curso

Orientación general

            Con esta nota de orientación al comenzar una forma un poquito distinta de los retiros para este curso, pretendo aclararme yo mismo sobre mi visión del momento espiritual de la Zona, y que a la vez sirva de propuesta para las sugerencias de todos los hermanos, sugerencias que podéis llevar al equipo de espiritualidad que es quien las canaliza.

 

            Por no remontarme a hace ya años (propuesta del “impulso espiritual” y creación del equipo de espiritualidad), parto de los retiros de hace dos años (recordad que con el apoyo de J. Ignacio y Lola Ros, ésta también con el grupo de formación) y que el año pasado fueron orientados de cara a la Asamblea.

 

            De antemano quiero decir que sé que no se puede generalizar algo tan personal como la relación de cada uno con el Señor, ni tengo ya la necesidad de asegurarme con estas cosas, que son obra del Espíritu Santo. Pero es humano tener una cierta visión de la que partir para orientarnos, sabiendo que es solamente lo que ponemos de nuestra parte para que luego El nos lo desmonte.

 

            Con esas salvedades, me atrevería a resumir lo que está aconteciendo espiritualmente en el conjunto de la zona, diciendo que estamos en el camino de fundamentarnos en la fe. También muy resumido sería decir que estamos en el camino de pasar de apoyarnos en nuestras fuerzas a dejar que sea el Señor quien nos moldee, conduzca y diga su palabra definitiva.

 

          Normalmente es ésta una etapa larga en el proceso de conversión del creyente y personalmente creo que, como grupo, estamos ahí. Grupo realmente majo, que hemos dado grandes pasos en asumir la realidad desde cada uno, en vez de tantas ocasiones de escaparnos como tenemos. Pero ¿podemos decir que básicamente ya es el Señor y la experiencia de su Gracia, el apoyo de nuestra vida?.

 

Aquí hay una llamada a que nos vayamos expresando todos cómo nos reconocemos en esto que digo.

 

Orientación para este curso

            Para el equipo de espiritualidad no ha sido una casualidad que podamos disponer de la casa de Sta. Teresa. Habíamos hablado mucho de ello y buscado y pedido al Señor que nos diera lo que necesitáramos. Solo hace falta que recordéis lo que hablamos en la Asamblea de comienzo de curso, para intuir que no es la actitud de silencio, sino todo lo que esa actitud indica que hay detrás de ella.

 

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Retiro 19-01-2008

PERSONALIZAR LA CONCIENCIA DE MISIÓN (1)

Cuestionamiento

A partir de algunas afirmaciones entresacadas de la reflexión del ECG, recogidas en las Actas 64-67 del curso pasado, puedo prepararne al retiro haciéndome algunas preguntas sobre mi propia experiencia. Me pueden ayudar si no busco la seguridad de una respuesta inmediata.

 

“Nos arriesgamos a definir la Misión Personal partiendo de que estamos llamados a descubrir que son constitutivos de ella las etapas recorridas desde la Llamada, pasando por la Experiencia de Jesús , hasta el Envío al mundo”

     Alguna vez, ¿me han venido preguntas del estilo de: ...Señor, ¿es que te fías de mí como para hacerme servidor tuyo?; ... ¿me eliges a mí nada menos que para ser testigo de tu amor?; ... ¿por qué yo?;...

 

          “Nunca el amor de Jesús es un amor cerrado en los suyos con quienes construye vinculaciones especiales, con quienes ha hecho una historia de amor compartida, a los que llama a que le sigan y les envía al mundo. Toda elección de los suyos, entre los que nos encontramos, es a la vez, Misión”

     Sería bueno asomarme a ver qué me mueve a hacer algo a favor de los otros (los que no son “los míos”)?

 

          “Creemos en la Vida como Misión y su concreción en las tareas: a veces pensamos en que la Misión es algo añadido a la propia vida y, en cambio, entre nosotros, se trata de concebir la propia vida como misión...”

  ¿Dónde estará la clave que hace ya vivir las tareas como Misión?

 

          “Todo esto nos lleva a una consecuencia: dejarnos transformar el corazón para centrarnos en el Amor: os doy un mandamiento nuevo...”

     ¿Intuyo que la Misión tiene mucho que ver con la afectividad humana y teologal?

 

          “Experiencia tenemos de Jesús y a dónde nos lleva: ¿vamos intuyendo cada uno lo que Dios nos ha pedido, qué Misión, y su concreción?”

     Es deseable poder llegar a definir cuál es mi misión personal (Quizá me ayudara ver cómo ha ido cambiando mi sentido de la misión a lo largo de mi vida)

 

PERSONALIZAR LA CONCIENCIA DE MISIÓN (2)

 

Meditación con la Palabra (a)

“Subió al monte y llamó a los que él quiso...   para que estuvieran con El,

                   y para enviarlos ... “ (Mc 3, 13-19)

Llamó a los que El quiso...

          No dudamos de que Jesús ha venido a traer el Reino de Dios a todos los hombres, pero tampoco podemos dudar que precisamente para eso Jesús llama y particularmente elige no ya a todos sino a unos pocos para que continúen su misión, para ser su instrumento en el mundo.

          Nos dicen los evangelistas dos detalles de esa elección que son significativos. El primero, que la elección es consecuencia de un momento de oración del mismo Jesús (Lucas 6,12 destaca que pasó toda la noche en oración), es decir que la elección nace del mismo diálogo suyo con el Padre, no es una mera elección funcional. Y el segundo, que “llamó a los que El quiso”, es su elección, no la nuestra. No es fácil...; ciertamente con esto tocamos el Misterio al contemplar la raíz de nuestra vocación: yo, este pobre que soy y sin embargo en el corazón de Dios, solo porque El lo ha querido, me ha querido así y quiere querer conmigo a sus hijos que tanto ama...

Para que estuvieran con El

          El “para” nos inclinaría enseguida a entender la tarea que llama a hacer, pero son dos “para qués” que parece deben ir íntimamente unidos. El primero es el de estar con El. Se nos alcanza que estar con El es para conocerlo, para algo saber de quién es este hombre (Mt 16, 13 ss), para vincularme a El hasta pertenecerle, para finalmente poder ser testigos del misterio que lleva consigo. Este estar con Jesús lleva ya implícita toda la dinámica de la misión: en la misma medida que yo viva de la vida que Dios me da en su Hijo, en esa medida seré transparencia suya, no me transmitiré a mí mismo.

Y para enviarlos ...

          No vamos a entrar aquí en todo lo que significa las dos dimensiones de ese envío: “predicar y con poder para expulsar demonios”, anunciar el Reino y traerlo, con palabras y con obras, tareas de aliento y esperanza, de liberación y sanación.

          Antes de eso vamos a quedarnos con el hecho original de que el discípulo es un enviado de tal manera que no puede separarse el enviado del que le envía: “el que os escucha a vosotros, a mí me escucha, y el que os rechaza, a mí me rechaza...” (Lc 10, 16); no puede hacerse la misión sino “en su nombre” (Lc 10, 17-20). Expresiva la escena del llamamiento a Simón: “porque tu lo dices haré algo... no cuentes conmigo que ya ves lo pobre que soy... no temas: desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5, 1-11).

 

Para la oración:

Detenerse en estos tres apartados desde la perspectiva de que definen la dinámica que personaliza la Misión: cultivar la conciencia de haber sido llamado; de que el centro vital es el amor de pertenencia; y que cuando el amor se hace obediencia es cuando la vida se hace misión. ¿Cómo me veo yo en esta triple dimensión?

Meditación con la Palabra (b)

“Es el Señor... ¿Me amas?... apacienta mis ovejas

  Cuando eras joven, tú mismo te ceñías..., pero cuando llegues a viejo... otro te ceñirá y te llevará a donde tu no quieras” (Jn 21)

 

            Desde aquél momento de la llamada hasta este encuentro con Jesús resucitado a orilla del lago ha habido, en un corto período de tiempo, un hondo proceso en la conciencia de Pedro. Ha amado sinceramente a Jesús y se ha entregado generosamente a su causa. En momentos de prueba ha alardeado de heroísmo, de apoyarse en sus fuerzas para confesar su adhesión al Maestro, su seguimiento hasta la muerte, su disposición a la lucha por el Reino con todas sus armas.

           Ha sido preciso que una criada, una pobre, desenmascarase todo su poder, para que pudiera reconocer quién en verdad era Jesús, cómo era el amor que le movía y  escuchar de él cuál era su misión.

           ¡Qué distinto este encuentro con Jesús de todos los anteriores!:

      Los discípulos han vuelto a su vida cotidiana con toda la densidad de realidad que ésta tiene (1-3)

      No pueden aun reconocer la presencia de Dios en medio de su faena, hasta que no reciben de nuevo otro signo de la sobreabundancia de gracia que les ha acompañado en Caná, en la multiplicación de panes, en los milagros... (4-6)

     Han sido años de moldear el corazón junto a Jesús desde la dureza al asombro, la humildad, la sencillez, el despojo... para ya no tardar en reconocerlo: ¡Es el Señor! (7-8)

    El encuentro es como comunidad de discípulos, como Iglesia, convocados de nuevo a esa vinculación teologal que se simboliza y realiza en Eucaristía (9-14)

     Pedro es modelo ejemplar para los demás discípulos. El amor que le mueve es el de siempre pero aun parece que Jesús quiere insistirle en que no se apoye en el sí mismo, sino en la fidelidad del mismo Jesús, en un amor de obediencia y abandono (15-18)

     “Apacienta mis ovejas”. Ahora los discípulos entienden que la misión es envío del Señor, que es a El a quien pertenece su eficacia.

    “Sígueme”. Y que el amor de Jesús se consuma en la muerte, en diversas formas de muerte según la misión encomendada a cada uno (19-23)

 

Para la oración:

      A la luz de este recorrido de Pedro en la conciencia de su misión, sigo meditando cómo está siendo mi propio camino.

2.      Después de la meditación de los textos, estar un rato en la presencia de Jesús para dejarse escuchar la pregunta más importante de la vida de cualquier discípulo: ¿Me amas?. Y dejar que surja del corazón la respuesta, aunque sea torpe, pero sincera.

 

CONCIENCIA DE MISIÓN

Puesto que todo ser en el amor tiene destino

¡no permitas que me aleje

de la atracción de tu órbita de amor!

(Los hombres de bien se alegrarán

de mi obrar en consonancia con tu desnuda Gracia).

 

Yo sé que cada criatura es portadora

de una luz única que sólo se mantiene encendida

en la fidelidad a sí misma.

 Yo sé que el hombre que ofusca

su propia transparencia

se ve arrastrado a simas de esterilidad y confusión.

 Y sé que aquel que no necesita

de todos los hombres,

es que ya se ha perdido para su propia humanidad.

Mi estrella la encendiste Tú,pero sólo yo tengo poderpara borrarla de tu cielo.   Mi fidelidad radicaen entregarme a mi misión,

continuadora de tu obra de amor siempre en marcha. Sólo es útil a los demás

aquella vida

que se consume en el fuego de una gran pasión.

Que la conciencia de ser colaboradortuyo me salve de convertirme  en funcionario sumido en rutinas de muerte.  (La vida siempre es nueva y renovadorapara aquél que gira confiadamenteen los círculos de tu llamada)

                                    

                                     ANTONIO LOPEZ BAEZA

 

 Tomad, Señor y recibidtoda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad,todo mi haber y poseer;vos me lo dísteis, a Vos, Señor lo torno;todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad,dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta S. IGNACIO DE LOYOLA

 

 

PERSONALIZAR LA CONCIENCIA DE MISIÓN (3)

Pistas de discernimiento

Tenemos claro que Dios es el Señor de la historia, de la que no se ha desentendido, sino que se ha insertado en ella con una presencia salvadora. Tenemos claro que Dios se ha hecho presente en Jesucristo con el que ha venido a traer el Reino de Dios, a hacer que el mundo y la vida sean lugar de justicia, de verdad, de amor y de paz para todos. Tenemos claro que Jesús ha querido que algunos sean sus discípulos para ser testigos del amor de Dios que edifica el Reino. Tenemos claro, por tanto, que la fe en Jesús lleva implícito ser partícipes de su misma misión redentora...  Pero hace falta que eso se haga experiencia real en los discípulos.

Desde quien tiene la experiencia podemos acercarnos a algunas pistas para el camino de personalizar la conciencia de misión, con el fin de ayudar a discernir el que cada uno tiene que recorrer. (Seguimos el orden del cuestionario primero).

 

Alguna vez, ¿me han venido preguntas del estilo de: ...Señor, ¿es que te fías de mí como para hacerme servidor tuyo?; ... ¿me eliges a mí nada menos que para ser testigo de tu amor?; ... ¿por qué yo?;...

Estas son preguntas reales que se hace quien oye de verdad la llamada, para quien Dios es Alguien que llama a quien quiere, que llama a cada uno por su nombre para cumplir una misión concreta, la parte de cada uno en la misión del Reino. Experiencia personalísima de una toma de conciencia especial que abre todo un camino de conversión, la de ser amado y llamado yo, con mi pobreza. Conciencia de desproporción y fragilidad, “tesoro en vasijas de barro” (2 Cor 4,7)

 

Sería bueno asomarme a ver qué me mueve a hacer algo a favor de los otros (los que no son “los míos”)?

Desde esta radical experiencia de fe se da un proceso espiritual que tiene su valor en cada una de sus etapas:

Al principio la misión se vive como responsabilidad, que es justificada ideológicamente  como tarea del Reino.

·         Con la vida teologal, la misión comienza a ser parte de la entrega a la voluntad de Dios, junto a todos los demás aspectos que componen la vida.

·         Hasta unificar la existencia personal en el ser de Jesús para los demás.

 

3.      ¿Dónde estará la clave que hace ya vivir las tareas como Misión?

Se trata de dejar que se desarrolle en nosotros esa conciencia de “enviado”, de quien unifica su existencia en la identificación con Jesús de tal manera que ya no busca su propio deseo o interés, sino que como Jesús, su alimento es hacer la voluntad del que lo envía:

·         Es signo de conversión real que se vaya dejando a Dios tomar la iniciativa en todo lo que atañe a la vida de uno.

·         Hasta ya no necesitar buscar la unificación en el equilibrio entre oración y acción, vida humana y fe, persona y comunidad, etc., sino en ser desde la obediencia.

·         Hay que buscar la obra bien hecha, pero no es lo más importante el acierto y la eficacia que tanto gratifican, como tampoco el valor que damos a la tarea o el proyecto en el que nos afirmamos, sino el servicio humilde aun en torpe fidelidad.

·         La experiencia de salvación que uno ha tenido por la fe en Cristo Jesús es lo que se puede comunicar.

 

4.      ¿Intuyo que la Misión tiene mucho que ver con la afectividad humana y teologal?

Es claro que hablar de misión es hablar de amar a los demás, pero no se trata de cualquier amor, ni menos aún del idealizado, sino del amor teologal, de la misma afectividad humana transformada por la experiencia de la Gracia:

·         Amor que va más allá del sentimiento, de la generosidad, del amor ético, porque por extraño que aun nos resulte volvemos a decirlo: nace de ser enviado. No es un paso menor cuando uno ya es capaz de desenmascarar las trampas afectivas que se esconden en la entrega a los demás.

·         No se sabe cómo es ese amor porque no se dispone de él; sucede que se da uno cuenta al final del día que Dios le ha concedido el modo y la dosis que podía ser.

·         Podemos sí decir que consiste en dar paso al amor de Dios, cosa que ocurre a través de una soledad a la vez habitada y solidaria, en un punto de distanciamiento desde el que te das cuenta que no eres tu pero que das vida, que amas pero que viene de más allá de ti.

·         Este amor de misión, al estilo de Jesús, deviene definitivamente en misión de amor, en entrega de la propia vida: “otro te llevará”.

 

5.      Es deseable poder llegar a definir cuál es mi misión personal (Quizá me ayudara ver cómo ha ido cambiando mi sentido de la misión a lo largo de mi vida)

Si Dios llama a cada uno por su nombre es para llevar adelante “nuestra leyenda personal”, encontrar “nuestro lugar en el mundo”,“lo que estoy llamado a ser y hacer”:

·         En las tareas rutinarias, en el estado de vida, en el trabajo, en el rol social, en las relaciones..., si se llenan de este sentido.

·         La definición de la misión personal se va dando a quien se arriesga y es fruto de la fidelidad a la vocación propia, a la construcción de la identidad, a la vida espiritual y de oración adecuadas, y a avanzar en humildad.

·         Porque se modela a través del camino de muerte-resurrección, de la frustración de lo que uno tiene como sus mejores proyectos, de saber perder la vida por Cristo para encontrarla con El.

Finalmente, la misión personal nunca es individual sino que es esencialmente eclesial, se  inserta en carismas y ministerios definidos en comunidad de creyentes (Vid Anexo posterior)

 

Para el trabajo de discernimiento

No se puede abarcar todo de golpe. Después de una primera lectura con todas las aportaciones e interrogantes que plantee, intenta traer lo que en tu camino de  concienciar el sentido de misión te ha salido antes y ahora quédate, de todas estas pistas u otras que te salgan, con aquellas que descubres te sirven a ti para dar pasos en ello en este momento.

ANEXO

            La dimensión comunitaria-eclesial exige un mayor desarrollo, especialmente importante en este momento para los convocados en Misión-Juventud. A esto dedicaremos el siguiente trabajo como preparación a la Asamblea 2008.

            Pero en este momento de retiro no conviene alejarnos de su objetivo, porque en que demos pasos en personalizar nuestra conciencia de misión está quizá buena parte de la clave para acertar luego en la misión comunitaria. Precisamente este anexo expresa lo conectados que están la misión personal y la vida comunitaria.

            Remito a un párrafo conocido de Marcel Legaut en “El hombre en busca de su humanidad” cap 10, por lo que tiene de engarce con lo tratado en este retiro. (Existe entre los papeles comunitarios un extracto hecho de ese capítulo que se ha dado otras veces, pero para no despistar en el retiro con la densidad de su contenido y lenguaje pongo aquí solamente una parte seleccionada)

               La diferencia fundamental de naturaleza entre la fe y en Dios la creencia ideológica, aunque ésta hable de Dios, se manifiesta tanto en la sociedad como en el individuo. Los hombres fieles a una misma ideología están unidos entre sí por la adhesión a una doctrina que se precisa y se desarrolla sin cesar; exige de ellos una uniformidad de pensamiento y una disciplina en las iniciativas que no les permiten llegar a ser ellos mimos; no les educa más que para ella misma, sin preocuparse para nada del alumbramiento de cada uno en su propia originalidad.

 

            Por el contrario, la sociedad constituida por hombres animados por la fe, ayuda a cada uno a ser fiel a su propia misión; no existe más que por la existencia de cada uno de ellos, y así es como trasciende sus individualidades sin aplastarlos; al contrario, los exalta en una unidad que les perfecciona.

 

Este es el fruto característico que distingue, en el plano social, la fe en Dios de la adhesión a una ideología religiosa. La fe en Dios, enraizada en el centro mismo de cada hombre, hace nacer entre ellos poco a poco la comunidad, donde de otra forma no puede existir sino una colectividad.

 

Es una comunidad invisible en su realidad propia como Dios mismo, hecha totalmente de duración y de consistencia; esta comunidad existe como Dios existe en cada uno de sus miembros. Es lo que ellos son; más aún, se va haciendo a medida que les ayuda a crearse.